La polémica arrancó con el anuncio de la marcha del vicario de San Miguel, Hilario Valdés. Éste, a pesar de llevar poco más de un año en la parroquia, se había ganado «el cariño y el respeto de todo el barrio». Según cuentan los feligreses, el vicario decidió abandonar el lugar porque el ex párroco, José García Loredo, de 82 años, «no le dejaba trabajar».
Para los miembros más jóvenes de la parroquia, el anciano sacerdote tiene «una visión anticuada e incluso vergonzosa del cristianismo». Aseguran haber recibido insultos y vejaciones por su parte, y recuerdan que «desde su jubilación, hace trece años, han pasado siete sacerdotes por la iglesia. Por algo será».
Por eso, para despedir al vicario y dar su apoyo al actual párroco, Eduardo Berbes, «que ahora se queda sólo con ese señor», convocaron una manifestación, el pasado 5 de noviembre, tras la última misa de Valdés, durante la que el ex párroco fue abucheado.