Martes, 14 de noviembre de 2006
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El Principado no incluye el hórreo en el planeamiento urbanístico de Asturias
«Para estar en el mercado tienes que figurar en el plan urbano», afirma el arquitecto Juan Pedrayes Una construcción actual copiada del hórreo tradicional cuesta 24.000 euros
El Principado no incluye el hórreo en el planeamiento urbanístico de Asturias
PATRÓN. El 'Uninsa' tiene todos los elementos para poder servir de guía a la hora de definir las proporciones de un hórreo. / SEVILLA
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En un ámbito en el que hasta los técnicos carecen de interés o conocimiento, el doctor arquitecto Juan Pedrayes pasa por ser uno de los máximos exponentes profesionales en materia de hórreos asturianos. «Es un problema de desconocimiento. A los arquitectos no les interesan los hórreos, pero no es por que no sean arquitectónicamente atractivos sino porque no los conocen. Después, cuando alguien se acerca a ellos y los estudia, alucina, porque lo que sucede en realidad es que existe un desconocimiento del ser de Asturias absoluto», explica Pedrayes, quien participará el próximo 25 de noviembre en la jornada de trabajo a celebrar en el Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias para abordar si el hórreo 'Uninsa' puede servir en el futuro como patrón y modelo de estudio científico del conjunto de las construcciones asturianas tradicionales.

Aunque considera que este aspecto quizá no sea el «más acuciante» de los que ahogan la pervivencia del hórreo, Pedrayes entiende que cualquier medida que se aborde es «fundamental». «El horreo esta hiperabandonado. Hasta el punto de que no existe una definición que nos diga qué se entiende por hórreo asturiano, qué características ha de tener. Algo tan elemental no está definido y hoy se están haciendo hórreos de madera de pino con tablas remachadas de dos centímetros. Y eso no es un hórreo. Un hórreo asturiano tiene paredes de cuatro centímetros o más y la madera es de castaño», explica el arquitecto, en un arranque de reivindicación astur.

En ese sentido, añade que la propuesta de Xosé Nel Navarro, alma y organizador también del I Congreso del Hórreo Asturiano, constituiría la posibilidad de hacer el primer estudio monográfico sobre las proporciones de la construcción asturiana por excelencia y apostar por su futuro. «Nos encontramos ante una situación muy curiosa: el hórreo no está en el planeamiento urbanístico asturiano, y es una verdadera lástima, porque puede tener futuro, tiene un potencial muy grande para jugar con él en el planeamiento. Pero para estar en el mundo tienes que estar en el mercado y para estar en el mercado tienes que estar en el planeamiento urbanístico», concluye.

Partiendo de que el hórreo forma parte de las singularidades de Asturias, Pedrayes sostiene todo su desencanto sobre la ignorancia, oficial, oficiosa y popular, que existe sobre él, y hasta recuerda que en el libro 'El arte de la guerra', Sun Tzu afirma que «quien conoce gana y quien ignora pierde», a lo que él apostilla que «con nuestra ignorancia abismal no sacamos partido a nuestras muchas singularidades, que no se potencian, por lo que cada vez somos más banales».

Un mercado por abrir

Cuenta con desánimo el arquitecto que ni siquiera hay un mercado del hórreo, cuando las condiciones son económicamente muy favorables. «Un hórreo de cuatro metros y medio por cuatro metros y medio, hecho en castaño a imagen del tradicional, vale 4,5 millones de pesetas, 24.000 euros, que es un precio ridículo. Eso, un hórreo nuevo, pero es que uno de segunda mano, del siglo XVII, tallado y todo, por dos millones de pesetas, 12.000 euros, lo tienes montado delante de tu casa».

Pero paralelamente a las cuestiones culturales, a Juan Pedrayes le brota la vena profesional cuando habla del hórreo. De ahí que asegure que es más que un granero y compare su estructura modular con la de un templo griego, «a la que, por cierto, se parece mucho. Constructivamente tiene todos los elementos de un templo, es hipersimbólico, son edificios puerta, tienen la puerta santificada, hay una subida, una escalera, es geométricamente cuadrado, tiene pirámide, un megaron abajo, un peristilo... Lo tiene todo», concluye el arquitecto, antes de apostillar desesperanzadamente que «el hórreo es un símbolo y un síntoma de Asturias».

 
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