Tuvo la desgracia de conocer de primera mano la realidad de los campos de concentración nazis, pero también la fortuna de sobrevivir para ayudar a sus compañeros y hacer llegar a los jóvenes su historia «para que no se vuelva a repetir». Ramiro Santisteban (Laredo, 1921), residente en París y presidente y fundador de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos (Fedip), relató ayer en el Ateneo Obrero de Gijón los cinco años que pasó en el campo de exterminio austriaco de Mauthausen.
-¿Cuándo entró en Mauthausen?
-El 20 de mayo de 1940 me habían hecho prisionero de guerra en Amiens, a 90 kilómetros de París, y entré con el primer convoy el 6 de agosto, junto a 450 compañeros. Un comandante del ejército alemán nos había hecho un discurso diciendo que nos enviaban a España. Nos montaron en un tren y dos días después nos encontramos en Austria.
-¿Cómo era una jornada allí?
-A las cuatro de la mañana nos solían levantar en verano, en invierno a las cinco, y de la cama te echaban a la calle, donde nos esperaba un oficial para darnos órdenes. Para lavarte no tenías jabón, pero te obligaban a estar limpio cuando hacían revisión. Si no, ya te daban leña. Buscaban cualquier excusa para pegarte y maltratarte. Los que mandaban y tenían todo el poder sobre nosotros eran alemanes que sacaban de las cárceles para controlarnos: bandidos, criminales, ladrones...
-En esas condiciones resulta difícil sobrevivir.
-Yo llegué a pesar 38 kilos, pero a partir de 1943 la situación mejoró para nosotros, porque los españoles iban cogiendo mejor posición dentro del campo. Si uno iba a trabajar a la cocina, podía ayudar a los compañeros para que comieran mejor.
-¿Cómo recuerda el día de la liberación?
-Fue en mayo de 1945. Una locura. Durante la noche los prisioneros hicieron una pancarta de recibimiento a las tropas aliadas, así como las banderas de sus países. Mis familiares se salvaron todos, pero mi padre murió tres semanas después en París, con 57 años, porque vino destrozado de allí.
-En esa época usted creó la Fedip. ¿Qué función tiene?
-Es una asociación que se formó en Tolouse 1945 cuando llegamos de Alemania, porque consideramos que no había que ocuparse tan sólo de los enfermos, sino también de los familiares. Ahora ya no queda casi nadie de los 2.000 españoles que sobrevivimos, sobre un total de 7.500, por lo que habrá que buscarle algún final.
-¿Cuáles fueron los mayores logros de la federación?
-En aquellos tiempos era muy difícil trabajar con España, pero se consiguió que, gracias a una ley alemana destinada para los judíos, las viudas que vivían en España en aquella época comenzaran a cobrar un capital desde la fecha que se había aprobado la ley, aproximadamente un año antes, más una pensión. Conseguirla nos costó dos pleitos que nos llevó un abogado que nos ayudó mucho. Para nosotros fue la mayor satisfacción.
-¿Qué opina sobre Enric Marco, ex presidente de la asociación Amical Mauthausen, persona que se inventó su estancia en el campo de concentración?
-Para mí es un impostor al que no tengo respeto ninguno porque él no la ha tenido por la memoria prisioneros. Lo conocí en París y traté de conversar con él sobre la deportación, pero desviaba el tema. Nunca confié en él.