Agitados por la ilusión y «plenamente felices». Los alumnos del colegio de Educación Especial de Castiello disfrutaron ayer hasta el último segundo de la celebración de su magüestu. Durante toda la tarde, tuvieron ocasión de comer castañas, escanciar mosto y acompañar en sus cantes y bailes al grupo folclórico Los Collacios. Y, sin embargo, los que mejor lo pasaron fueron sus padres: «Es increíble la ilusión con la que los niños esperan este día. Les encanta que se valore lo que hacen. ¿Están en su salsa! Ellos se sienten bien, pero a nosotros se nos cae la baba», explicaba Marta Álvarez, presidenta de la Asociación de Padres.
«Es para estar orgulloso. Los 77 alumnos llevan trabajando en esto veinte días: haciendo la ropa, los sombreros, los cucuruchos para las castañas... Han visto películas, han salido a recoger hojas de los árboles y ha llevado todo mucho trabajo», comenta, también llena de orgullo, la directora del centro, Marta Cristóbal.
La concejala de Educación del Ayuntamiento de Gijón, Carmen Rúa, mostró su entusiasmo con esta iniciativa y recordó que, «afortunadamente, ya se había recuperado la tradición de celebrar el magüestu en casi todos los colegios de Gijón. Es una delicia ver cómo se han esforzado y esto servirá para que se queden con qué es una celebración típica de Asturias».
Igual que en el colegio Julián Gómez Elisburu, donde se atrevieron con la elaboración de una de las variaciones queseras de más renombre en la región, el afuega'l pitu. Con todos los quesos ya hechos, tras visitar una exposición sobre productos lácteos en el centro, los alumnos se divirtieron con juegos autóctonos.
Una colección maliaya
El colegio de Montevil, por su parte, celebró la sexta edición de las jornadas que cada año dedican a un aspecto de la cultura asturiana. En esta ocasión, el tema elegido fue 'El agua, fuente de tradiciones', que dio lugar a actividades, talleres, cuentos y poesías, durante todas las clases de esta semana. Las jornadas giraron en torno a una exposición de 67 cántaros, propiedad de José María García, quien guarda en su hórreo de Villaviciosa un total de 307. Allí, los niños pudieron aprender algunas curiosidades, como que «los cántaros asturianos y los gallegos tienen orígenes celtas, no suelen tener asas y son pequeñitos».