Lavadero de Deva. El río Peñafrancia se despereza y muestra algo de agua en sus primeros metros, los que recorre casi paralelos a la senda peatonal. Es un espejismo. El cauce sigue su curso en dirección al Jardín Botánico Atlántico, pero, mucho antes, apenas a 300 metros del punto de partida, se queda sin agua, totalmente seco. La maleza se ha apropiado del río que, en los actuales tiempos de sequía, ofrece un aspecto inusual, sobre todo por tratarse de unas fechas otoñales cuando, se presupone, debería de tener un importante caudal. No llueve con asiduidad desde hace semanas. Setiembre fue un mes con bastante lluvia, pero octubre y lo que va de noviembre se están destacando, hasta la fecha, por todo lo contrario. Muere el río, mueren las truchas y las anguilas. Si alguna queda con vida en el inicio del cauce, las garzas se encargan de utilizarlas como sencilla fuente de alimentación. El río presenta una imagen inusual. Los vecinos lo saben muy bien.
El entorno del Peñafrancia es uno de los principales acuíferos de Gijón que, en ocasiones, utiliza la Empresa Municipal de Aguas (EMA) para abastecer a la ciudad, como complemento del agua suministrada por Cadasa, la utilizada para cubrir el servicio casi en su totalidad. De todas formas, vista la situación que había ya el pasado verano, con el río 'pasando apuros' para mantener vivo su cauce, los responsables de la empresa municipal decidieron no 'tirar' de este acuífero.
Puentes sin agua
Lo primero, entendieron, era cuidar el ecosistema de la zona a la espera de tiempos mejores, de una lluvia que aliviara la situación estival. Pasaron los meses, pero no cambió nada, o casi nada. Sigue sin llover, pese a lo cual, la EMA ha vuelto a captar agua en los mismos niveles que se suele hacer todos los meses de noviembre. Los expertos entienden que no tiene que ver el aspecto del río con la utilización del acuífero, aunque reconocen que no es normal que, a mediados del mes de noviembre, el cauce presente el actual aspecto.
¿Cuando se secó el Peñafrancia? Aunque no estuvo muy caudaloso en los últimos meses, el río sí tenía agua durante el verano, la suficiente para cubrir el cauce desde Deva hasta La Guía, el mismo recorrido, casi a la par, que tiene la senda de Peñafrancia, utilizada para esparcimiento por miles de gijoneses. Llegaba el agua, entonces, tanto a la parte inicial del cauce como al entorno del área recreativa de la fuente La Castañal, muy cerca del llagar El Trole, al Jardín Botánico Atlántico o al entorno del campus universitario. Ayer, la situación era bastante diferente y así viene siendo, según relatan los vecinos que siguen con preocupación estas sequías, al menos desde hace una semana.
El agua, ahora, sale del entorno del lavadero de Deva, pero desaparece, como por arte de magia, poco antes de llegar a uno de los sondeos de la EMA, justo al lado de la carretera que conduce al Rinconín de Deva, a la entrada misma del barrio de San Antonio. Antes, el nivel del agua iba disminuyendo de forma paulatina hasta desaparecer. Ahora, de ahí en adelante sólo quedan piedras, musgo y restos de las hojas de los árboles. Ni rastro de vida.
Lo mismo sucede bajo la autopista. El agua estaba ayer estancada, sin ningún tipo de circulación. A partir de esa zona, el cauce es un pedregal. Incluso en el entorno del área recreativa de La Castañal, se confunde como zona de paseo y se puede pasar por debajo del puente sin mayores dificultades. El pasado verano no se podía, al menos sin mojarse hasta la pantorrilla.
La situación del río es preocupante. Los vecinos aseguran que de poco sirve tratar de regenerar el cauce, incluso de tratar que vuelvan al truchas o las anguilas si cada temporada se repite, al menos en una ocasión, la misma situación que en la actualidad.
Las voces críticas se dirigen contra los responsables de la EMA porque, aseguran, cuando no se utilizaba el acuífero no se producían este tipo de situaciones. Sin embargo, los responsables municipales culpan, en exclusiva, a la falta de lluvias de un tiempo a esta parte. El río Peñafrancia, mientras, ya no es un río.