Miércoles, 15 de noviembre de 2006
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El alcalde del 11-S regresa a la política para aspirar a la Casa Blanca tras su enfermedad
Rudy Giuliani inicia la campaña de recaudación de fondos con el sueño de ser el candidato conservador en 2008
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XEl alcalde de América quiere ser presidente. Hace mucho que sus ambiciones políticas desatan ríos de tinta, pero ahora ha pasado de la especulación al hecho, y del papel de periódico al de formato administrativo. Rudy Giuliani, convertido en héroe por los atentados del 11-S cuando expiraba su mandato al frente de Nueva York, presentó el viernes los impresos legales para crear un Comité Exploratorio Presidencial que le permita recaudar dinero para su campaña presidencial.

Así lo asegura Associated Press, que dice tener copia de las cuatro páginas. Una portavoz del ex alcalde lo ha corroborado, pero insiste en que todavía no hay una decisión final, sino que está «probando las aguas».

Giuliani abandonó la Alcaldía de Nueva York no porque se hubiera cansado del poder, sino porque la legislación no le permitía aspirar a un tercer mandato.

En lugar de buscar un premio de consolación siguió disparando hacia arriba, dispuesto a competir con la ex primera dama Hillary Clinton por el escaño al Senado de este estado. Apenas tomaba carrerilla cuando su divorcio sacó a la luz todos los trapos sucios del matrimonio y de sus infidelidades, pero fue un cáncer de próstata lo que le obligó a posponer la batalla política.

Las encuestas han explorado por él sus posibilidades haciendo quinielas con los candidatos más mentados. La papeleta con la que sueñan los 'yonquis' de la política iría algo así como «Hillary Clinton/Barack Obama» contra «John McCain/Rudy Giuliani», en cuyo caso el público se decanta por la hipotética pareja republicana, que tiene diez puntos de ventaja en las encuestas.

Al principio de las carreras electorales nadie quiere conformarse con ser vicepresidente, pero a medida que los 'caucus' y primarias empiezan a eliminar candidatos, los perdedores se dan por satisfechos con ser el segundo de a bordo.

Puesto que el cargo de vicepresidente es electo, una vez en la Casa Blanca sólo lo puede despedir el pueblo.

 
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