Irán sigue jugando al despiste con su programa atómico, al tiempo que resiste todas las amenazas, ultimatos y ofertas de diálogo que desde Occidente se le lanzan. El último informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), emitido ayer en Viena, reitera que Teherán sigue eludiendo el ultimátum del Consejo de Seguridad de la ONU para que detenga su programa de uranio enriquecido.
El documento, que será debatido la próxima semana por la Junta de Gobernadores de la agencia, indica que los técnicos iraníes han procesado ya 34 kilos de gas de uranio y obtenido enriquecido con una pureza de menos del 5%, muy por debajo de la concentración del 90% necesaria para fabricar una bomba atómica.
Además, el documento señala que las centrifugadoras que realizan la transformación del gas en combustible atómico, funcionan casi todo el tiempo en vacío a modo de prueba.
Las cuatro páginas del dosier restringido son una sucesión de llamadas de atención ante los incumplimientos iraníes: falta de trasparencia, negativa a facilitar información y retrasos a la hora de resolver las dudas pendientes desde hace ya casi cuatro años sobre las verdaderas intenciones de su programa atómico.
La conclusión: que mientras Teherán no colabore, la AIEA será incapaz de verificar «la ausencia de material y actividades nucleares no declaradas» y que Irán no ha ofrecido la suficiente transparencia para «eliminar algunas incertidumbres relacionadas con su programa nuclear».
Rastros de uranio
Sobre todo, sigue preocupando el hallazgo de rastros de uranio altamente enriquecido y de plutonio, dos componentes susceptibles de emplearse en un arma nuclear. Las explicaciones dadas por Teherán están aún siendo estudiadas por la agencia atómica. Desde este organismo de la ONU se insiste en que el régimen islámico debe dar más facilidades y libertad a las inspecciones de los técnicos para poder asegurar de una vez «la naturaleza pacífica del programa nuclear iraní».
Y mientras los ayatolás insisten en enriquecer uranio, argumentando su derecho a disponer de energía atómica con fines pacíficos, la AIEA ha de debatir una solicitud iraní para recibir asistencia técnica en la construcción de una planta de agua pesada que usará, afirma, para producir isótopos radioactivos útiles en la lucha contra el cáncer. El problema, es que este tipo de instalaciones genera también plutonio que puede tener usos militares.
Fuentes cercanas al organismo con sede en Viena aseguraron que, en principio, no hay argumentos legales para denegar esta ayuda. Sin embargo, en los círculos diplomáticos occidentales se entiende que esta solicitud no es más que una 'cortina de humo' para desviar la atención y seguir sembrando discrepancias en la comunidad internacional.
No por nada, Washington, principal defensor de una estrategia de mano dura y que acusa a Teherán de buscar el arma atómica, ha iniciado una fuerte campaña diplomática para denegar la solicitud iraní, mientras que algunos de sus aliados europeos parecen más dispuestos a dejar el tema en suspenso.
Por su parte, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, se mostró dispuesto a dialogar con Washington, sin mencionar temas ni agenda, «si el Gobierno de Estados Unidos modifica su comportamiento». Pese a que George W. Bush reiteró ayer mismo sus críticas a las aspiraciones atómicas de Teherán, también recordó estar listo para sentarse a negociar junto a la UE, Rusia y China siempre y cuando Irán se avenga a suspender la fabricación de uranio.