Después del revolcón sufrido por el Partido Republicano en las recientes elecciones legislativas en Estados Unidos, nada podía ser más reconfortante que ser recibido calurosamente en Moscú por su amigo Vladímir Putin. El presidente estadounidense, George W. Bush, acompañado por su esposa, Laura, efectuó ayer en la capital rusa una escala técnica de camino hacia Asia. La parada terminó convirtiéndose en algo parecido a una entrañable fiesta familiar. Los analistas creen que Bush ha querido subrayar la importancia del eje Washington-Moscú en su nueva política internacional.
Los presidentes de Rusia y EE UU tienen prevista una reunión de trabajo el domingo en Hanoi. Ambos asisten a la cumbre anual de la APEC (foro de Cooperación Económica de Asia y Pacífico) . Por eso, nadie se explica para qué hacía falta que los dos mandatarios se vieran ayer en el aeropuerto moscovita de Vnúkovo-2 durante la breve escala que hizo el Air Force One para llenar sus depósitos de combustible. El máximo dirigente ruso rara vez se desplaza hasta el aeropuerto para recibir a nadie. Una vez lo hizo para dar la bienvenida al entonces canciller alemán, Gerhard Schröder, otro de sus buenos amigos.
Según un portavoz del Kremlin, «teniendo en cuenta que la actualidad internacional está candente, Putin y Bush no podían desaprovechar la oportunidad de verse, aunque fuera de forma breve y en la víspera de una cumbre oficial». La misma fuente aseguró que ambos dirigentes «necesitaban de este contacto previo a la reunión de Hanoi».
Temas tratados
Oficialmente, los asuntos tratados ayer en el aeropuerto de Vnúkovo-2 fueron los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, la situación en Oriente Próximo, y el inminente ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio (OMC).