Los fantasmas de Vietnam han cobrado vida en Irak. Los abusos traspasan los muros de Abu Ghraib. Poco a poco empiezan a salir a la luz los crímenes y aberraciones de soldados embrutecidos por la guerra y convertidos en animales. Sólo así se puede describir el crimen del que se declaró ayer culpable el soldado James Barker, que planeó con sus compañeros violar a una iraquí de 14 años, para asesinarla después, junto a sus padres y su hermanita de 6, antes de quemar los cadáveres.
A cambio de testificar contra cuatro de sus compañeros, Barker, de 23 años, se libra de la pena de muerte, y aunque se espera que sea condenado a cadena perpetua, podría salir en libertad provisional dentro de 20 años, cuando todavía tenga 43.
A sus 14 años, Abeer Qassen Hamza Al Janabi ya sentía las miradas lascivas de los soldados cada vez que pasaba por el control de carretera establecido junto a su casa de Hamdaniya, a 20 kilómetros de Bagdad. Lo que no sabía es que cuando se emborrachaban de noche intercambiaban comentarios soeces sobre ella. Pero el crimen no se debió a los efluvios del alcohol, sino que fue planeado con toda alevosía.
Los cinco soldados se camuflaron de negro para pasar por la insurgencia. Tumbaron la puerta, encerraron al resto de la familia en una habitación y violaron a la chica entre todos. En ello andaban cuando se oyó una ráfaga de dispararon en la habitación. Steven Green, de 21, apareció en la puerta orgulloso. "Los acabo de matar a todos", les dijo. El grupo siguió con lo que hacía, luego disparó contra la chica y roció los cuerpos con queroseno para divertirse aún más.