La Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma) registró ayer, es decir, en un solo día, la aparición de 43 ejemplares de trachypterus arcticus, una especie de la que no se tiene registro de presencia en el Cantábrico hasta 1998.
Cepesma ultima un estudio sobre especies alóctonas, es decir, propias de otros mares, en el Cantábrico, según dijo su director, Luis Laria, a EL COMERCIO. No obstante, cabe adelantar que hay indicios de que el Trachypterus Arcticus se está adaptando a comer y vivir en aguas próximas a Asturias.
Un dato relevante es que varios de los ejemplares detectados tienen restos de comida en sus estómagos, fundamentalmente crustáceos, bacaladilla, bocarte y sardina. Otra referencia es que abundan las hembras a punto de desovar, de forma que cabe pensar que alguna llegará a criar lejos de su área de origen, al norte de Irlanda y entre los países escandinavos e Islandia. Además, junto a ejemplares que aparecen varados en playas, probablemente por falta de adaptación, otros son capturados por aparejos situados a muy distinta profundidad: desde palangres de entre 30 y 50 metros a redes de arrastre a 550 metros de la superficie.
Según Luis Laria, la llegada de los Trachypterus Arcticus al Golfo de Vizcaya y, más abundantemente, al litoral central de Asturias, puede deberse a corrientes de agua fría, su hábitat habitual, derivadas de otras de agua caliente que suben, cosa que explica también la abundancia ahora de especies tropicales.
El caso es que en 1998 se produce la primera cita (registro) de un Trachypterus Arcticus en la costa asturiana. Hasta 2002 no aparecen más ejemplares (tres), y un año más tarde se registran ya cinco, pero fue el pasado año cuando la presencia se elevó espectacularmente, con 16 ejemplares. En 2006, Laria tiene ya noticia de 350 ejemplares, incluidos las 43 de ayer, 35 de los cuales fueron capturados en el aparejo del arrastrero gallego 'Boer'.
Sin valor comercial
El Trachypterus Arcticus es un pez de cierta envergadura. Los ejemplares estudiados por Cepesma midieron entre 1,15 y 2,35 metros, que llegan a pesar entre 12 y 16 kilogramos. Laria y un grupo de colaboradores tuvieron la curiosidad de probar el extraño pez, pero, según dijo, el resultado gastronómico es muy decepcionante. La carne tiene gran concentración de agua, de forma que al cocinarlo se reduce su volumen a cerca del 20%. El tacto es gelatinoso y resulta muy insípido al paladar.
Consiguientemente, el valor comercial de la especie parece nulo y, en ese sentido, la adaptación al hábitat cantábrico sería irrelevante desde el punto de vista de la explotación pesquera. La consolidación del Trachypterus Arcticus en estas aguas no sería sorprendente, ya que hay precedentes con otras especies, como el pez ballesta, inusual hasta hace unos 20 años y nada sorprendente en estos momentos.
Por contra, especies propias del Golfo de Vizcaya están apareciendo en lejanas latitudes, como la sardina, que cada vez es más frecuente su presencia en el Mar del Norte.