EL vetusta Adriano Mareaxes (boina, bastón, farias y humo) aparece de nuevo por esta esquina, y no de muy buen humor que digamos:
-Ye que me levanté co'l pie izquierdu, el más artríticu, y pegóme un pinchazu tan fuerte que me llegó hasta la nuca. Pero, bueno, co'l carrau de años que llevo encima'l cuerpu me consuelo pensando aquello de que si un día des-pierto sin dolor alguno, será señal de que la palmé. Pero no, aquí me tienes, vivu y coleando, aunque en esto último tenga que ayudame con esi gran invento de la viagra, capaz de levantame hasta el rabín de la boina.
Al comentario sicalíptico le siguió una sonrisa pícara; luego una calada al puro y la expulsión de una bocanada de humo que, ¿hale hop!, se fue transformando poco a poco en una hurí interpretando la danza del vientre, una de las más espectaculares habilidades fumosas de Mareaxes, y la más solicitada en el grupo VIVEN (Viejos Verdes Neoseológicos), del que es presidente honorario. Concluso el breve espectáculo, continuó:
-Aparte'l dolor físicu, la peor mala leche acumulada por la mañana fue culpa de un encuentro en la escalera con el presidente de la comunidá de vecinos, que ye un mangonión y tan facha que lu expulsaron de Fuerza Nueva por abusón. El casu ye que me manifestó la su preocupación por un par de moros que viven en el inmueble, convencidu como está de que cualquier día perpetrarán cualquier barbaridad. Yo dije-i que vivía en el pisu de enfrente y que daba fe de que eren unos rapazos educaos, trabajadores, buena gente, que encima teníen los papeles en regla y que estaben a la espera de traer a les families.
»Pero, nada, el muy babayu, erre que erre, llegó a decir que esa clase de gente teníen que vivir con los de su clase y raza o, como mucho, en un campamento gitanu». Tuve que hacer de tripes corazón pa no arreái un buen, bastonazu...
-Menos mal, don Adriano, porque entonces se habría puesto a su altura- interrumpí.
-En todo casu, caracagá, habría, sido a su bajura. Pero, tranquilu, porque soy tan poco racista que ni a energúmenos como a esi los considero de una raza inferior... ¿aunque lo sean!
»¿O vas decime que no?
La pregunta retórica quedó en el aire y Al Aire, mientras nos fuimos a papar unos caldos con 'pingarates', unas sidras y unos oricios.