Jacques Chirac y su guardia pretoriana han entrado en campaña contra Nicolas Sarkozy, sembrando una división cainita para el centroderecha y alimentando la posibilidad de nuevas candidaturas a la presidencia de la República que pudie- ran ser muy favorables a la extrema derecha y la izquierda socialista, que presentará una candidata o candidato único, con un partido unido.
Antes de ser elegido presidente en 1995 y reelegido en 2002, Chirac fue candidato en 1978, 1981 y 1988. Siempre fue derrotado. Con anterioridad había sido jefe de Gobierno en 1974, 1986 y 1988, además de alcalde de París entre 1976 y 1995. A pesar de todo, su mujer, Bernardette, dice «confiar» en la buena forma de su marido para aspirar a la reelección.
Más allá del amor de esposa, sus confidencias forman parte de una campaña presidencial contra la candidatura de Sarkozy, ministro del Interior y presidente del gobernante Unión por un Movimiento Popular.
Cualquier pretexto
Los colaboradores más estrechos de Chirac tiran con cualquier pretexto contra las proposiciones de Sarkozy. Dominique de Villepin, primer ministro, destila sus diferencias en materia de política económica y social. Michelle Alliot-Marie, titular de Defensa, deja traslucir que ella también pudiera ser candidata a la elección reina. Y desde la presidencia de la Asamblea Nacional, Jean-Louis Debré critica las posiciones de Sarkozy sobre numerosos temas candentes.
Se trata de una guerra de acoso y castigo permanente, que Sarkozy encaja con silencio o respuestas sibilinas, preparando su salida del Gobierno para consagrarse a una campaña electoral muy larga, dura y plagada de incertidumbres.
Algunos consejeros de Sarkozy son partidarios de una salida rápida del Ejecutivo antes de Navidad, para poder trabajar a fondo, con una libertad de acción y de palabra que no puede tener un ministro del Interior.