Viernes, 17 de noviembre de 2006
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La física deja K.O. a los superhéroes
La ciencia desmiente a la ficción. Es imposible que Superman vuele sin carrerilla y que Spiderman escale con su estatura La Universidad de Oviedo lo analiza en la Semana de la Ciencia
La física deja K.O. a los superhéroes
EN OVIEDO. Sergio L. Palacios durante su conferencia. / M. ROJAS
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El malo malísimo Lex Luthor no puede con él, pero la física le destroza en una sola embestida. Superman no aguanta un asalto ante las leyes de Newton y compañía, porque sus superpoderes y acciones, efectivamente, no son de este mundo. ¿Sabe alguien a qué velocidad tendría que correr para poder volar? Sergio L. Palacios, profesor de la Universidad de Oviedo y especialista en analizar física y ciencia ficción, lo tiene estudiado al detalle: «Para despegar como si fuera un avión tendría que correr a 250 kilómetros por hora; si lleva a Lois en brazos, a 300». Y sin carrerilla no se puede volar, salvo que se sirva de algún sistema desconocido para la física, que dice que para lograrlo entran en juego el peso y la fuerza de sustentación.

La Semana de la Ciencia de la Universidad de Oviedo está sirviendo para poner en su sitio a Superman, Spiderman, la patrulla X, Flash y hasta los mismísimos Increíbles. Uno de los itinerarios organizados en estas jornadas para acercar la ciencia permite a estudiantes de distintos institutos asturianos escuchar las verdades de los superhéroes en unas entretenidas charlas de la mano de Sergio L. Palacios en el edificio Científico y Tecnológico del campus del Cristo. El miércoles le escucharon un buen número de alumnos y hoy se repetirá la escena.

Desde el amor confeso a los personajes, el profesor desgrana leyes, fórmulas y cuentas valiéndose de escenas de cómic y películas. Volvamos a Superman, ¿puede realmente levantar la falla de San Andrés como ha hecho en una de sus aventuras? No, «la presión sería insoportable, debería hundirse como un clavo». Pero es que tampoco podría jamás detener un camión en marcha. Dice la tercera ley de Newton que el vehículo ejerce la misma fuerza sobre el superhéroe que éste sobre él camión. Resumiendo, que como mínimo debería recorrer unos 20 kilómetros, más o menos entre 20 y 25 minutos de faena, para lograr pararlo. Y eso es, ciertamente, muy poco cinematográfico y aventurero. Tampoco puede parar balas y caminar al tiempo. Es imposible que un proyectil cuyo impacto en el pecho puede ser el equivalente al peso de una losa de cien kilos no haga retroceder ni al mismísimo Superman. Ni que decir tiene que sea capaz de detener la rotación de la Tierra, para lo que tendría que moverse -más o menos- a diez mil billones de veces la velocidad de la luz. Claro que esta popular escena del mítico personaje tiene un error aún más clamoroso: para detener la Tierra debería girar en su mismo sentido, no el contrario, como sucede en la cinta.

El pobre Superman no es el único al que el profesor de física deja en K.O. técnico. Spiderman, con picadura de araña radiactiva o sin ella, tampoco puede colgarse del techo como una lámpara. Es una cuestión de peso y fuerza de adhesión. Dicho de otra forma, que a más peso, más complicado es 'arañar' paredes: «Sólo los pequeñitos pueden», explica Sergio L. Palacios ante la sonrisa de los alumnos. ¿Pero qué ocurre cuándo el superhéroe lanza su tela con el ánimo, por ejemplo, de salvar a su novia Gwen Stacy de una caída desde un puente? Pues que si la altura es de unos doscientos metros, su velocidad se elevará a 225 kilometros hora, con lo que la tela de araña del héroe interrumpiendo su caída supondría nada más y nada menos que una fuerza cifrada en 16.000 newtons. Algo así como si encima de la pobre muchacha cayera un peso de 1.600 kilogramos. Luego, lejos de salvarla, moriría con el cuello partido. Ya lo dice el profesor: «Hay amores que matan y Spiderman es uno de ellos».

Un investigador de policía adquiere por efecto de un rayo el poder de desplazarse a velocidad casi ilimitada. Ese es Flash, ese superhéroe que, al contrario que los transbordadores espaciales, no está recubierto de materiales cerámicos para evitar las consecuencias del rozamiento. A cambio, luce pijama de superhéroe, un traje especial para buceo a grandes profundidades, que de nada sirve para evitar el calor de sus velocidades de vértigo. Al rojo vivo debería estar el héroe a base de tanta carrera, porque debería saber que la energía cinética cuando se corre se transforma en calor. A 900 kilómetros por hora, la temperatura de su cuerpo debería elevarse unos ocho grados. Pero es que Flash ha llegado a moverse a 4.000 kilometros por hora, lo que significa que su cuerpo debería alcanzar los cien grados centígrados, «la temperatura de ebullición del agua». Pero Flash tiene más fallos físicos. ¿Cómo tomar las curvas a esa velocidad? Pues con mucho cuidado y con un radio de curvatura de 1,2 kilómetros si se moviera a cien metros por segundo. A mil kilometros por segundo, necesitaría trazar una curva con un radio equivalente a la distancia que separa el Sol de la Tierra. Cabría hablar de la fuerza de sus puñetazos e incluso de un gasto energético desproporcionado que haría preciso que el héroe degustara para compensar 150 millones de hamburguesas con queso y hasta cien millones de pizzas.

Hay más superhéroes. Como la patrulla X, con Ángel, Cíclope, Lobezno y el malo, Magneto, haciendo virguerías. Todos ellos tienen sus contras físicos, pero Sergio L. Palacios se centra en Magneto. ¿Cómo es posible que controle campos magnéticos y haga levitar a otros? Algunos lo atribuyen al hierro presente en la sangre, pero resulta que ese hierro está oxidado y no es magnético. Y, ¿cómo el rondador nocturno puede teletransportar un cuerpo humano? Almacenar toda la información átomo a átomo para poder hacerlo obligaría a apilar discos duros (de un centímetro) hasta trazar un recorrido de veinticinco años luz.

Los Increíbles son una familia que hace honor a su nombre. Fuerza, elasticidad, velocidad... Y la capacidad de convertirse en invisible que tiene una de las hijas. «Una persona invisible tiene que ser ciega sin remedio». ¿Por qué? Porque ser invisible significa ser transparente y eso quiere decir que la luz que llega a sus ojos nunca podrá formar una imagen sobre la retina. Dicho de otra forma, para ser transparente tendría que tener el mismo índice de refracción que el aire, de modo que la luz que llega a los ojos no se desvía y no puede formar imágenes.

 
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