Viernes, 17 de noviembre de 2006
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Muere ahogado al tropezar y caer en el Muelle
Bernardino R. E. era natural de Piloña y residía en Gijón Lo intentaron reanimar durante media hora
Muere ahogado  al tropezar y  caer en el Muelle
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Bernardino R. E., de 85 años, salió ayer a dar un paseo antes de comer y no regresó a casa. Encontró la muerte mientras caminaba por el espigón de Liquerique. Previsiblemente, un desafortunado traspié le hizo perder el equilibrio y precipitarse al mar, donde falleció por ahogamiento sin que los efectivos de emergencia que intentaron reanimarlo durante más de media hora pudieran hacer nada para salvarle la vida.

Los hechos sucedieron a la una de la tarde. Una mujer que paseaba por el Muelle requirió, a través de su teléfono móvil, la presencia de la Policía Local tras percatarse de que en el agua había una persona flotando boca abajo. Los agentes que se trasladaron hasta el lugar necesitaron de la ayuda de una lancha, que se ocupa de las labores de limpieza del Puerto Deportivo, para trasladar al hombre hasta uno de los pantalanes del dique de Santa Catalina. Fueron ellos los que le practicaron al ahogado los primeros auxilios hasta que llegó una UVI móvil.

El equipo sanitario intentó infructuosamente reanimar durante más de media hora a Bernardino R. E., natural de Piloña y con domicilio en la gijonesa calle de Cabrales. Lo hizo ante la mirada de decenas de personas que se agolparon en el entorno del suceso, atraídas por el amplio dispositivo que había montado en el lugar.

Hasta el Muelle se desplazaron los bomberos, la Policía Local, la Guardia Civil, la policía portuaria y una UVI móvil.

Según relataron a los agentes de la Policía Local varios testigos del suceso, el hombre caminaba próximo al bordillo del paseo para evitar mojarse con las olas que saltaban desde el rompeolas a la parte de abajo del paseo. Entonces tropezó o resbaló, cayó al asfalto y, posteriormente, al agua. Como consecuencia de la caída, el anciano presentaba un importante golpe en la parte izquierda de la cabeza. A pesar de todo, los agentes no descartaban ninguna hipótesis, ya que hubo incluso algún viandante que aseguró que Bernardino R. E. había recibido el impacto de una de las olas que sobrepasaban el rompeolas como consecuencia del temporal de viento que azotó ayer la región.

El anciano fue dado por muerto poco antes de las dos de la tarde. Los profesionales sanitarios no pudieron hacer nada por salvarle la vida; taparon el cuerpo con una sábana y fueron los bomberos los que procedieron a subir el cadáver al espigón de Santa Catalina. El cuerpo fue trasladado al tanatorio de Cabueñes, donde se le practicó la autopsia para, a media tarde, trasladarlo a sala. Será incinerado el sábado a las ocho de la mañana. El hombre deja viuda, Ángeles G., y una hija, Marián R.

Trágicos recuerdos

Bernardino R. E. encontró la muerte a pocos metros de distancia del trágico episodio que se vivió en la Semana Santa de 1997, cuando murieron dos jóvenes y una tercera chica quedó gravemente herida -con secuelas que a día de hoy le mantienen en estado semivegetativo- tras precipitarse al agua con el coche por una zona en la que no había barandilla de protección.

Como en aquella ocasión, Bernardino R. E. cayó al agua por un lugar donde no existe valla alguna. El de ayer fue un suceso que «se podía haber evitado», según aseguraban varios vecinos de Cimadevilla que se acercaron a la zona en la que se le practicaban las labores de reanimación al ahogado.

 
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