Viernes, 17 de noviembre de 2006
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TELEVISIÓN

CRÍTICA DE TV
Directiva
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USTED tal vez sepa que allá en las europas, entre brumas boscosas y guisos con mantequilla, hay una cosa que se llama 'Directiva Televisión sin Fronteras'. La directiva hace poco honor a su nombre, porque para llegar aquí, a España, siempre hay que pasar una frontera, la del sentido común, y en esa frontera hay unos guardias, que son los canales y el Gobierno, y los guardias reclaman comisión para pasar la aduana, o sea 'mordida', la cual consiste, invariablemente, en que los canales salen ganando y el espectador sale perdiendo. Los lejanos consejos de la UE en materia de horarios se sustanciaron, en España, en un código que no respeta ni el Tato y en una franja de tarde llena de prostitutas que denuncian a Paquirrín. Y ahora viene una derivación de aquella directiva que acomete el asunto de la publicidad y que, en la práctica, como ha denunciado la asociación de telespectadores FIATYR, supone un aumento de la publicidad en televisión, reduce el intervalo mínimo entre cortes publicitarios y aligera las reglas sobre publicidad encubierta, es decir, ese cartón de zumo o de leche que aparece, con la marca bien visible, en la escena del desayuno en su serie favorita.

Esto último, lo de la publicidad encubierta, va a quedar al albedrío de cada país, así que habrá que ponerse a cubierto. Seguramente será bueno que se organice la catarata publicitaria, que se regule, que la publicidad indirecta se someta a algún tipo de norma. El problema es que tales reglamentaciones se hacen siempre en beneficio de los canales y prescindiendo completamente del espectador. La Organización de Consumidores ha dicho que esta nueva regulación es «especialmente nociva», y tiene razón. España es el país europeo con mayor saturación publicitaria en televisión. Y es también un país sin autoridad visible en el mundo de la tele, donde todo queda al albur de lo que Gobierno y canales acuerden. Si ahora la normativa dice que los conflictos se resolverán en cada país, podemos ir preparándonos para más de lo mismo.

Los tejemanejes de canales y Gobierno en esta materia tienen algo de despotismo ilustrado.Y como el carácter ilustrado de los canales se aproxima al grado cero, la fórmula gira hacia el despotismo mondo y lirondo: «Todo para los canales y al espectador que le den morcilla». Si aún nos dieran morcilla de verdad, al menos el despotismo televisivo llenaría más de una andorga. Pero no: lo que les interesa es darnos la funda del morcillamen. O sea, la publicidad.

 
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