EL PP inauguró ayer una Conferencia de Seguridad que trata de ofrecer recetas preventivas y terapéuticas contra la inseguridad ciudadana, un concepto en el que los populares no incluyen el terrorismo, ni el autóctono ni el internacional. El PP quiere convertir este asunto, la seguridad ciudadana, en uno de los principales argumentos de campaña.
La iniciativa es acertada y sigue la senda ya marcada por otros líderes europeos: la recién proclamada candidata socialista a la presidencia de la República, Ségolène Royal, ha hecho una gran apuesta por la defensa de las libertades por el procedimiento de reducir la inseguridad. Y el testamento político de Tony Blair, leído esta misma semana por la Reina Isabel en la apertura solemne del parlamento británico, incluye grandes iniciativas legislativas asimismo orientadas a reforzar la seguridad. Nada hay que objetar, en fin, a que se refuerce la seguridad, de la que dependen la autonomía personal, la capacidad social de debatir pacíficamente las opciones democráticas, el disfrute real de las grandes libertades. Aunque habrá que prevenir el riesgo evidente de que un exceso en este designio no acabe confinando en guetos, en lugar de integrarlos, a quienes objetivamente generan inseguridad: los más pobres y los inmigrantes.