Sábado, 18 de noviembre de 2006
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OPINIÓN

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Adiós al Colegio Ursulinas
Tras diecisiete años de trabajo ininterrumpido como profesor del Colegio Ursulinas de Gijón, y en el momento de iniciar una nueva etapa profesional dentro de la escuela pública al haber superado el reciente concurso-oposición celebrado en Asturias, no quisiera volver página sin hacer públicos algunos pensamientos que vienen a mi mente a la hora de la despedida:

En primer lugar, desde el más profundo cariño, agradecer las experiencias vividas con todos/as aquellos/as que a lo largo de todos estos años, aunque a veces fuera desde la disensión e incluso el enfrentamiento en las formas de pensar y entender la realidad, compartieron conmigo de forma honesta la labor docente, y que hoy, pese a su archidemostrada capacidad y dedicación, están siendo arrinconados/as y postergados/as al silencio, cuando no a plantearse incluso el abandono de la empresa como forma de supervivencia laboral. Expreso aquí mi deseo de que recuperen la posibilidad de trabajar por la idea de enseñanza que hicieron ha tiempo de ese colegio un proyecto de centro de enseñanza diferente.

En segundo lugar y por el contrario, desear que la historia coloque en su lugar a esos otros/as que en los últimos tiempos han ido adquiriendo un cada vez mayor protagonismo, barato y funesto para el progreso del centro; entiéndase entre éstos: empresarias únicamente preocupadas por mantener bien sujetas las riendas de la empresa, a costa de lo que sea y de quién sea. Hace gracia pensar en la defensa de un proyecto en clave de humanismo que mientras intenta vender proyectos en un lejano Tercer Mundo, de puertas adentro se convierte en una utilización permanente de las personas, tomándolas como pañuelos de papel que se usan y luego se tiran; lo siento, pero hace recordar demasiado a aquellas antiguas recogidas de sellos para «salvar negritos».

También mencionar aquí a algunos «obispillos seglares en busca de su Palmar de Troya» que igual aparecen como santurrones que como sindicalistas, aunque en lo último que piensen sea en la situación laboral de sus compañeros y sí en servir «como Dios manda» a sus amigas patronas.

Tampoco olvidar a esos personajillos falsamente recrecidos con estrellas de sheriff de hojalata, voces de sus amos e individuos capaces de cualquier puñalada con tal de «salir en la foto». Con absoluto desprecio por los criterios pedagógicos a la hora de la organización del curso (adscripción de áreas, agrupamientos, horarios...), y sí preocupados por seguir las directrices empresariales, aunque todo ello vaya en perjuicio del proceso de aprendizaje del alumnado y de las condiciones laborales del profesorado.

Y, por último, mencionar a quienes se esconden tras la sumisión y el silencio cómplice con quien dirige o cree dirigir...

A los/as primeros/as, de nuevo mi sincero agradecimiento y cariño; a los otros, quizá también agradecerles que con «sus empujones me hayan ayudado a prosperar profesionalmente» y recordarles aquello de «arrieros somos y en el camino nos encontraremos».

 
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