Sábado, 18 de noviembre de 2006
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OPINIÓN

OPINIÓN EDITORIAL
Más que una candidatura
LA elección en el seno del Partido Socialista francés de Ségolène Royal como candidata a la presidencia de la República sitúa por primera vez a una mujer con claras posibilidades de alcanzar tan alta magistratura. Su victoria por casi el 61% de la afiliación a dicho partido resulta tan aplastante que la coloca en inmejorables condiciones para las presidenciales de mayo de 2007. Tras una dilatada trayectoria política en la que ha sido ministra, diputada y presidenta regional, Royal ganó las primarias del PS sin encabezar ninguna de sus corrientes ni haber actuado como baronesa entre tanto barón. Como si, aun contando con tres décadas de militancia en su haber, hubiese irrumpido en escena desde fuera del propio partido. Su tarea inmediata será la de restañar las profundas heridas que la carrera por la nominación ha producido entre ella y un nutrido grupo de dirigentes con influencia, persuadirlos para que se pongan a su servicio y ampliar las expectativas de su candidatura más allá de las bases tradicionales de la izquierda francesa.

Pero para todo ello tendrá que demostrar que su alternativa es la renovación y no el 'oportunismo digital'. Que su capacidad de adaptación a los sondeos constituye un valor positivo de aproximación a la ciudadanía y no un síntoma de volubilidad e inconsistencia. Sólo en esa medida, venza o no al aspirante que presente el centro-derecha, contribuirá a hacer del PS una formación que, habiendo sido desde su origen muy distinta a los demás partidos socialdemócratas europeos, encuentra en la personalidad de esta madre de cuatro hijos la posibilidad de una transformación interna, de una adecuación a una sociedad atomizada en muy distintas necesidades y aspiraciones.

Pero el éxito de la frescura y la cercanía que representa Ségolène Royal se ha dado en unas determinadas circunstancias políticas: después de que el socialismo francés se dividiera ante referéndum sobre la Constitución europea. Esa división, que ha brindado una gran oportunidad para que la singularidad de Royal se abriera paso, representa también el gran desafío político que tiene ante sí la candidata presidencial. Sobre todo si gana en las elecciones del próximo mayo. Porque por mucho que una manera diferente de ejercer la política pueda obtener el favor de la afiliación e incluso del electorado francés, esos apoyos no le serán suficientes si su alternativa no responde con credibilidad a la pregunta de qué quiere hacer de Francia en el contexto europeo.

 
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