LA cumbre de la ONU sobre cambio climático, clausurada ayer en Nairobi, no invitaba a esperar decisiones espectaculares por tratarse de una sesión ordinaria de las partes firmantes de la Convención contra el Cambio Climático. A pesar de tratarse de una reunión de transición, la implicación en los debates de todas las delegaciones ha confirmado que lo que era hasta hace poco un proceso frágil se ha consolidado como el foro internacional de referencia en la lucha contra el cambio climático. Cabe atribuir un papel significativo en esta evolución a factores externos, como el impacto causado por el documental sobre el calentamiento global del ex vicepresidente de los EE UU, Al Gore, y la acumulación de informes científicos y económicos sobre sus efectos. Pero también la propia dinámica de la cumbre de Nairobi aporta elementos significativos, aunque todavía insuficientes.
El hecho de que la reunión haya tenido como escenario un país africano ha enfocado la atención sobre la vulnerabilidad de los más pobres. Estos países son las principales víctimas de fenómenos asociados al cambio climático como la desaparición de especies y de cosechas, la extensión geográfica de ciertas enfermedades o las sequías e inundaciones, a pesar de que son los países industrializados, con sus emisiones de CO2 en las últimas décadas, los causantes del problema. La reunión en Nairobi ha servido para reforzar los fondos destinados a ayudar a los países en vías desarrollo, que permiten a los países ricos compensar sus emisiones de CO2 financiando proyectos de lucha contra el cambio climático en los menos avanzados. En el lado de los progresos destaca también una evolución positiva de la actitud de EE UU, que ha acogido favorablemente la propuesta europea de conectar a países que no han ratificado Kioto a los emergentes mercados de intercambio de emisiones. Estos mecanismos financieros se consolidan como solución eficaz para reducir emisiones y, sobre todo, como vía para asociar a EE UU, sin duda ante la constatación de que sus propias empresas pierden competitividad si siguen ausentes. A pesar de estos avances sectoriales, la declaración final de Nairobi contiene tan sólo el compromiso difuso de revisar antes del final de 2008 el Protocolo de Kioto, que caduca en 2012, y pospone sine die la negociación del único acuerdo capaz de poner freno a esta amenaza global: recortar en un 50% las emisiones mundiales de CO2 respecto al año 2000, objetivo que, según la UE y la comunidad científica, debería ser alcanzado en 2050.