Al centro de la región, el territorio donde se concentran más de 800.000 asturianos, sólo le queda agua para tres meses. La principal fuente de suministro, los embalses de Tanes y Rioseco, en el río Nalón, están a un 32% de su capacidad y ya se está echando mano de la vía alternativa, los bombeos desde el río Narcea. Sin embargo, si la situación de sequía no mejora sustancialmente y no llegan lluvias intensas de un modo regular, esas dos fuentes de suministro se agotarán el próximo mes de febrero.
La previsión es del jefe de servicio de Obra Nueva y Desarrollo del Consorcio para el Abastecimiento del Área Central de Asturias (Cadasa), José Manuel García Iglesias. «Es necesario que llueva», señala, aunque prefiere no dramatizar y añade que «de momento no hay problemas de desabastecimiento; eso sí, estamos en peores condiciones que el año pasado».
Y eso que en 2005 ya saltaron todas las alarmas. En setiembre del año pasado, el propio gerente de Cadasa, Alberto Álvarez Rea, había advertido de que habría problemas de abastecimiento si no llovía de manera intensa antes del mes de noviembre. Por aquel entonces, los embalses de Tanes y Rioseco estaban a un 53% de su capacidad. Al final, las lluvias llegaron con fuerza y para noviembre la presa alcanzó el 88%.
Sin embargo, en 2006 parecen haberse cumplido los temores que asustaban en 2005: en estos momentos, el embalse del Nalón está al 32%. Y, además de ser un porcentaje escaso, hay que tener en cuenta que las aguas más bajas no son aprovechables por la suciedad que se acumula en el fondo.
Por eso, desde el mes de junio, tal y como adelantó ayer EL COMERCIO, Cadasa está recurriendo a una de las vías alternativas en el caso de que falle la principal fuente de suministro en el Nalón: bombear agua del Narcea. El coste de la medida es muy alto y la calidad del agua deja que desear, pero los expertos han tomado esta determinación para alargar las reservas de Tanes y Rioseco. Además, hay otro motivo: a ciertas zonas no puede llegar el suministro desde el Narcea, por lo que, si llega a agotarse el agua embalsada en el Nalón, la situación en esos lugares será crítica.
En esta tesitura, hay dos soluciones: la primera, temporal, pasa por que la población se conciencie y contenga el consumo. La segunda está en la climatología. Dice García Iglesias que sería una situación «extraordinariamente extraña» que no lloviese hasta febrero. Pero, aunque extraño, no es imposible que ocurra, porque ya sucedió en la temporada 1989-1990.
Más buen tiempo
La cuestión que hace de 2006 un año especialmente complicado es que el buen tiempo comenzó muy pronto, y en los meses de abril y mayo ya dejó de llover en serio. La situación se ha prolongado hasta ahora y la esperanza está en que la naturaleza siga su curso y se comporte como se espera de ella. Eso sí, no vale cualquier lluvia, como la de ayer; debe ser continuada, para que el terreno se empape y las aguas lleguen a los cauces.
También es cierto que, si las peores previsiones se materializasen, habría que tomar medidas extraordinarias, es decir, imponer restricciones en el consumo. De ese modo, el centro regional podría aguantar algo más allá de febrero, dicen en Cadasa.
Los temores e incertidumbres sobre la disponibilidad de agua en Asturias se vienen repitiendo en los últimos años. El asunto es peliagudo si se tiene en cuenta que la región acapara el 10% de los recursos hídricos de toda España en sólo el 2% del territorio y para ser disfrutados sólo por el 3% de la población nacional. ¿Por qué hay entonces estos problemas y temores de manera recurrente? La respuesta que los técnicos vienen dando desde hace años es que el agua no se embalsa: la cercanía de las montañas al mar y la abrupta orografía regional hacen que la posibilidad de crear embalses y la capacidad de estos sea muy limitada. Además, en el 'paraíso natural', pocos pensaban hasta hace poco que llegaría a faltar el líquido elemento.
La polémica llega a la hora de tomar soluciones, y aquí entra en juego el proyectado embalse de Caleao, en el Nalón: para muchos, la solución a los problemas futuros de abastecimiento; para otros, un atentado ecológico en una zona de alto valor medioambiental. Quienes así opinan piden que se estudien fuentes alternativas, como acuíferos subterráneos. Pero, mientras dura la polémica, cada año por estas fechas se despierta el fantasma de las restricciones y el temor a constatar que el agua no está garantizada ni siquiera en Asturias.