Domingo, 19 de noviembre de 2006
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CONTRAPORTADA

Contraportada
Boda de cuento fortificada
El enlace cienciológico de Tom Cruise discurre en absoluto secreto, sin gente y defrauda el ansia de famosos de vecinos y fotógrafos
Boda de cuento fortificada
FANS. Fueron menos de los esperados los que se acercaron al castillo italiano para seguir la boda. / EFE
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Se veía a la legua que la boda de Tom Cruise y Katie Holmes en el lago de Bracciano, cerca de Roma, iba a ser una cosa privadísima, porque para eso era un castillo imponente, y en efecto por fin se celebró ayer sin que se viera ni se supiera absolutamente nada. Había muchos famosos, claro, pero llegaron con gafas de sol en fugaces coches de cristales oscuros y desaparecieron tras las murallas. De forma inmisericorde, como corresponde a esas cosas infladas por la prensa, en el pueblo había cuatro gatos y cientos de periodistas, y eso que se había hablado de ¿50.000 personas! Pero al final triunfó el sentido común y encima llovió.

Los vecinos y algún pirado se sintieron defraudados por no ver nada y más aún los fotógrafos, indignados porque, además, han perdido dinero. Tres días en el pueblo subidos a una escalera para esto; en la ferretería de Bracciano, que ha vendido todas las que tenía, estaban encantados. Los de los bares se quejaban, para variar. La alcaldesa también. «Podían haber tenido un detalle», comentó educadamente.

Como única aparición del día, y nunca mejor dicho, se intuyó vagamente el rostro de Katie Holmes en una ventana del castillo, como si fuera el fantasma de Canterville. Y poco más. Ella llegó a eso de las dos. Tom, a las cuatro. Después, los invitados. Por contar algo, el chófer de Jim Carrey se equivocó de calle al llegar al pueblo. Beckham fue obligado a regresar a Madrid y su mujer llegó sola. Menos mal que en Italia siempre se puede esperar cualquier cosa y para alegrar la tarde hubo cuatro tíos geniales que se presentaron muy elegantes con un Mercedes negro y todo el morro, a ver si colaba. Según una agencia, el chófer escapó por patas y los otros acabaron en comisaría.

La boda empezó a las seis con 150 invitados -también en esto se ha exagerado- (Jim Carrey, Will Smith, Travolta, Armani, Jennifer López, etc) y por la noche hubo fuegos artificiales. De lo que pasó dentro nada se sabe, pero se supone. El rito habría consistido en la ya famosa entrega de peine, gato y sartén a la novia, según el ceremonial de la Cienciológía, la secta de Tom Cruise, que prohíbe irse a la cama sin hacer las paces, precepto muy civil pero fatal para el insomnio. Hubo vinos y comida italiana de una firma de restauración de Turín, pero la tarta nupcial era de EE UU, por eso del detalle hortera hollywoodiense: tenía efectos especiales y al ser cortada saltaron pétalos de rosa. ¿Mono no? Ahora Tom y Katie se querrán para siempre, pero pierde (5 millones) el primero que ponga los cuernos. Aunque sólo en el primer año. Ésa es la garantía de la boda del año.

 
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