«El hórreo está en un buen momento. Existe una gran demanda de hórreos de nueva construcción y podría haber mucha más si la normativa del Principado no fuera tan restrictiva». Quien define el panorama del mercado es Pedro Gil, empresario comprometido del sector, fundador de la firma Hoypagil (Hórreos y Paneras Gil) y vicepresidente de Saviastur, la asociación que agrupa a todos los industriales del mundo de la madera.
Las restricciones a las que se refiere Gil son las mismas que comparte el arquitecto Juan Pedrayes cuando aboga por que el Gobierno asturiano incluya la construcción tradicional en el planeamiento urbanístico de la comunidad autónoma. En este momento, el hórreo y la panera sólo se pueden utilizar como complemento de una vivienda. «Todos estamos de acuerdo en que un hórreo solo, en mitad de una finca o del bosque no está bien, pero cerca de un núcleo habitado podría permitirse perfectamente. Puede estar cerca de alguna casa, sin que tenga que ser de tu propiedad», explica Gil, quien señala que ya se realizaron contactos con el Principado para abordar este problema, «pero la Administración trabaja muy despacio. Por eso espero que la jornada de trabajo del próximo día 25, a la que voy a asistir, aporte algo nuevo al hórreo de nueva construcción».
Pedro Gil cifra en «unas 30» las construcciones que hacen al año en función del tamaño, y en «una proporción similar entre hórreos y paneras». Pero los clientes sí son muy diversos. «Son asturianos, pero también mucha gente de fuera, que viene aquí y les gusta. De hecho, tenemos colocados hórreos en casi todas las provincias españolas, hasta en las islas, como Mallorca y La Palma, Ciudad Real, Cataluña... En todas partes, con la particularidad de que en ningún sitio, excepto en Asturias, tienen problemas para hacerla habitable. Nosotros tenemos que tirar de ello porque tiene futuro y puede beneficiarse mucha gente de su promoción».
Hoy día no hay dimensiones determinadas para cualquiera de los hórreos asturianos que se construyen. «Pueden ser de 1,20 metros por 1,20 metros, hasta de 80 ó ciento y pico metros cuadrados; depende del comprador», señala Gil, quien trabaja fundamentalmente con maderas autóctonas de castaño y roble, y también con las tropicales. «Las maderas tropicales ofrecen una mayor resistencia a la intemperie sin necesidad de aplicarle tratamientos específicos. El castaño no se usa casi nada, porque hay poco y es caro, y el eucalipto, que es lo que más abunda, no se está utilizando, porque tiene mala imagen, mala prensa, pero es una madera muy buena si se sabe utilizar».
Desde 12.000 euros
Un hórreo pequeño con una calidad normal puede salir por 12.000 euros, unos dos millones de pesetas, pero el precio va en función del tamaño y de la madera a utilizar. Los precios oscilan, pero no en bandas muy separadas. Ni siquiera el eucalipto resulta especialmente barato. «Es mucho más asequible que las maderas tropicales, pero no mucho más que la de castaño, porque el eucalipto que necesitaríamos tiene que tener más de 40 años».
En una semana, el hórreo o la panera puede estar terminada, siempre y cuando se cuente con la maquinaria y el personal adecuado. Con las tallas incluidas tanto en la puerta como en sus laterales. Eso sí, sin colores. Ahora no se llevan.