El plan del Muro permite el aumento de altura de al menos cuatro edificios en primera línea de playa. Se trata de inmuebles construidos hace más de medio siglo, no catalogados, que si son adquiridos por un promotor podrían desaparecer para dar paso a inmuebles cubiertos de vidrio con el doble del número de plantas del actual. Tres de ellos se concentran en la calle de Ezcurdia, prácticamente deshabitados, y un cuarto está situado en la zona del Náutico.
Sus alturas oscilan en la actualidad entre las tres y las cinco plantas y con las previsiones del plan especial podrían llegar hasta las ocho, para igualarse con otras construcciones más altas de su entorno. Además, tendrían también la posibilidad de retranquear su fachada para poder habilitar áticos.
Se trata, eso sí, de excepciones, porque el documento urbanístico que pretende uniformizar la imagen del paseo marítimo asume como filosofía general la del 'serruchazo'. Quiere esto decir que si alguno de los edificios construidos en los años del desarrollismo llega a ser declarado en ruina, su sustituto en la mayoría de los casos sería siempre un bloque de pisos con menos plantas.
A ese obligado recorte se llegaría porque los redactores del plan del Muro fijaron en su proyecto la talla idónea de cada uno de los inmuebles dentro del ámbito para atenuar el impacto visual. Y el tamaño apropiado puede incumplirse por exceso, pero también por defecto. Es el caso de los anteriormente referidos cuatro edificios, cuya ficha otorga la posibilidad del recrecido de plantas. Precisamente por ese motivo también son los principales candidatos a ser demolidos a corto o medio plazo para hacerlos de nuevo y aprovechar esa ventaja urbanística.
Los solares donde se encuentran estas construcciones figuran sin duda entre los más cotizados de Gijón por su privilegiado emplazamiento. Esta circunstancia es un arma de doble filo, porque del mismo modo que predispone a los promotores urbanísticos a comprar, dificulta también que los propietarios se pongan de acuerdo para vender.
Dos de los inmuebles en primera línea de playa que pueden aumentar su altura son los números 32 y 34 de la calle de Ezcurdia, con tres y cuatro plantas respectivamente. Uno de ellos da también a la calle de Juan Alonso. Construidos a principios del pasado siglo, sus pisos llevan tiempo abandonados y la actividad se reduce al bajo del número 34, ocupado desde hace años por una tienda de ultramarinos.
Algo parecido sucede con el número 11 de la calle de la Caridad, que tiene su fachada principal en Ezcurdia. Data de 1954, consta de tres plantas y es obra del arquitecto Juan Corominas. Tiene justo enfrente el Colegio San Vicente de Paul y la mayoría de sus viviendas están vacías. También en este caso, una tienda de surf instalada en el bajo comercial, representa la única muestra de actividad cotidiana. En una situación bien distinta se encuentra, sin embargo, el número 36 de la calle de Cabrales, justo encima de Motonáutica. Se trata de un exponente de arquitectura regionalista obra de Enrique Álvarez Sala, cuya estrecha fachada carece de valor histórico, según la Concejalía de Urbanismo. Emparedado entre dos edificios más altos, tiene actualmente cinco plantas y es el único edificio de los cuatro que está en pleno uso. Por dicho motivo también es el que a priori lo tiene más complicado para que sea derribado y sustituido.
Desde la entrada en vigor del plan especial, el único edificio de nueva planta que se ha construido en el Muro es el del número 46 de la calle de Ezcurdia. Se trata del edificio San Lorenzo, el único que luce en su fachada hasta el momento los llamativos espejos reflectantes.
El inmueble tiene 35 viviendas distribuidas en siete plantas, más áticos. Esta actuación urbanística en la calle de Ezcurdia estuvo paralizada casi cuatro años por la tardanza en decidir qué tipo de intervención había que aplicar para mejorar la imagen del Muro. Al final, los promotores cumplieron los requisitos estéticos y constructivos del plan especial, los mismos que deberían respetar los otros cuatro edificios si deciden crecer a lo alto, y recubrieron la fachada con una segunda piel de aluminio y vidrio.