No fue un partido tan espectacular como los dos últimos. Esta vez hubo menos fútbol en El Molinón y más problemas, con una dosis de emoción por la diferencia mínima. Pero lo más importante para la parroquia rojiblanca se consiguió: el Sporting sumó un nuevo triunfo, que también significó la primera derrota de Uribe en el Hércules. El equipo de Preciado mantuvo su habitual sistema de juego, con la única variante obligada por la sanción de Andreu, con la entrada en el equipo de Javi Fuego.
El Hércules de Uribe, quien había estudiado minuciosamente a los rojiblancos, también fue el esperado, con un 'trivote' en el centro del campo, con Turiel, Mantecón y Diego Mateo para respaldar al corpulento Moisés.
El encuentro comenzó con complicaciones para los rojiblancos, porque no encontraban espacios libres. El equipo alicantino estaba bien cerrado y tenía dos redes bien tejidas, tanto en la zaga como en el centro del campo.
El Sporting aparecía a ráfagas, con combinaciones que buscaban principalmente a Congo, bastante vapuleado por los defensas herculanos. Tampoco tenía demasiadas aproximaciones el conjunto visitante, ya que Moisés estaba excesivamente aislado, aunque se dejaba notar Kike Mateo, por la frecuente pérdida de la posición de Sastre.
Primer aviso
El primer aviso fue de Juanlu, al ganarle la espalda a Juanmi, pero Roberto, en su día más feliz, al haber recibió el trofeo de la afición en los prolegómenos del encuentro, desvió a córner. La grada estaba algo apagada ante un partido que no se veía claro.
En uno de los ataques a borbotones de los rojiblancos llegó una falta a Míchel, que Hevia Obras, muy cerca siempre de la jugada, no dudó en señalar. El lenense era el jugador más activo y, con el apoyo de Javi Fuego, superaba al 'trivote' alicantino.
Barral, muy convencido, pidió el lanzamiento. Lo ejecutó con un tremendo zapatazo que pasó por la barrera y se ajustó en la base del poste izquierdo de Aragoneses. El Molinón recuperó la alegría y la esperanza, mientras el goleador, que el día antes había tenido un rifi-rafe con Raúl Cámara, fue a celebrarlo al banquillo con el lateral madrileño, tras dedicárselo a la grada más animosa del fondo Sur.
El Sporting ganó en tranquilidad con el tanto del gaditano, quien pudo aumentar la diferencia al sacarse de la manga otro trallazo, ante la vigilancia de Sergio, para estrellar el balón en el larguero, que Aragoneses no acertó a desviar.
El Hércules aprovechaba la posición de Kike Mateo, debido a la función de Sastre, demasiado desconectado de su zona. Así llegó, por un aparte, un disparo de Juanlu, tras una circulación de balón en el ataque alicantino, y un gol anulado al interior zurdo, que pudo no haber sido.
El equipo visitante había ganado terreno a los gijoneses, que se dedicaban más a defenderse y esperar alguna acción de contraataque, pero entre la contundencia de la zaga alicantina y la falta de precisión en el último pase se difuminaban los intentos atacantes. El partido resultaba demasiado trabado. Sólo cuando llegaba el balón a Diego Castro en disposición de jugarlo se esperaba algo, con los demarques de Congo y Barral, quienes eran las principales preocupaciones de Uribe.
El segundo tiempo se inició con un lanzamiento de Moisés, al que respondió Roberto con una excelente parada.
El partido entró en una fase tonta, por lo que Uribe buscó soluciones atacantes con la entrada de Calandria. Así, transformó el estilo de juego en un 4-4-2. El 'trivote' no le funcionó, con Moisés demasiado solo. El ex rojiblanco se escoró a la banda derecha, con pocas opciones de entrar en juego. Poco después dio entrada al delantero Sendoa, aunque escorado a la banda izquierda.
Fue una fase de mayor presión alicantina, en la que los dos centrales rojiblancos se mostraron indesbordables, salvo en alguna indecisión que dio alas a los visitantes. El Sporting sólo pensaba en el contraataque, pero con Congo demasiado vigilado, faltaba agilidad en los ataques para culminar el triunfo.
También Preciado buscó un revulsivo. Omar fue el primero en entrar por un agotado Barral, quien hizo una sensacional labor de desgaste, con mucha participación en el juego aéreo, lo que contribuyó a abrir los pocos espacios que se generaron, además de haber firmado el triunfo. Poco después fue Pedro, por un Gerardo que también acusaba el esfuerzo.
Al final, Jairo pisó por primera vez el césped de El Molinón, un minuto antes de que fuera expulsado Jorge, al cortar en falta un avance de Calandria, que le significó la segunda tarjeta.
Agobio contenido
Los dos últimos minutos, más los casi cuatro de propina, fueron de un agobio contenido, con todo el conjunto rojiblanco encerrado en su parcela. Incluso Uribe retiró a Turiel, el medio defensivo, para meter en juego a Montenegro, que podía ser más eficaz en las faltas.
A los rojiblancos le vino bien una alevosa falta de Schiavi a Sastre para frenar el ritmo del partido ya en el tiempo añadido, que se quedó en una amonestación.
El pitido final de Hevia Obras fue un desahogo para el conjunto sportinguista y para la grada. Se había acabado el sufrimiento.
El Hércules demostró que es un equipo de entidad, aunque le faltó más serenidad en su juego ofensivo. Salvo la presión que tuvo en la fase final, en busca de un empate de una forma un tanto desesperada, en el primer tiempo sólo inquietó a Roberto en dos ocasiones, más la inicial de la segunda parte de Moisés.
El triunfo gijonés tiene un valor especial en esta ocasión, por el rival que tenía enfrente y por las dificultades que le creó. El juego no fue brillante, pero los tres puntos dan un espaldarazo en la clasificación para mantenerse en la zona alta, a la espera de la 'invasión' de Vitoria del sábado tras haber dormido anoche en ascenso.