HAY que darse cuenta de lo mal que le cae a Bush el traje tradicional vietnamita, que es una especie de pijama de sesión continua. La verdad es que él tampoco le cae demasiado bien a los vietnamitas, con lo que se equilibra bastante la cosa. El presidente norteamericano acaba de decir que la guerra de Vietnam demuestra que EE UU debe seguir en Irak. Tan rara conclusión la ha establecido nada más llegar al país asiático para el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, tras asegurar que el éxito en Irak es sólo «cuestión de tiempo».
No tiene razón el Emperador: es cuestión de muertos. Anteayer no más fallecieron en Irak 50 personas de muerte antinatural, sin contar a los heridos de mayor gravedad, ni a los mutilados. También fue secuestrado el viceministro de Sanidad, en vista de que cada vez va haciendo menos falta. Todas las jornadas son de luto, hasta que no estalle la improbable paz. Lo malo de las guerras, aunque no sea lo peor, es que son caras. El gasto en Afganistán, por ejemplo, supera al del histórico gasto que supuso lo de Vietnam, ya que los muertos suben de precio mucho. 3.000 soldados, en números redondos como coronas, han caído en Irak desde la iniciación de la masacre que algunos llaman conflicto. Lo de Vietnam duró nueve años y fueron 58.000 los militares que no volvieron. No a todos les gustaba tanto la guerra como para preferir quedarse en ella.
Se admite ya, casi unánimemente, que la guerra ha sido un fracaso. Incluso Blair acepta que la intervención fue «desastrosa». Sólo opinan que está siendo un éxito los que comparan cifras. ¿Qué son esos 3.000 soldados muertos comparados con los más de 600.000 iraquíes que abandonaron el mundo antes de tiempo? Los americanos van ganando por puntos, pero parece que Bush está perdiendo votos.