El centro de la tercera edad de Cimadevilla no volverá a sus locales habituales, junto a la iglesia de San Pedro. Allí llevaba casi treinta años, pero el deterioro de las instalaciones y la necesidad de la parroquia de disponer de espacio para sus propias actividades propias, han acelerado la decisión. Fue a finales del pasado mes de marzo cuando se procedió al cierre y al traslado de los servicios de las personas mayores a unos locales en la calle de San Bernardo. Hidroeléctrica del Cantábrico advirtió de que se vería, en caso contrario, obligada a cortar el suministro de luz. El centro de los pensionistas no reunía las mínimas condiciones de seguridad. La Consejería de Servicios Sociales del Principado decidió, entonces, alquilar los citados locales en la calle de San Bernardo y dejar el viejo local.
Hasta ahí todo parecía entrar dentro de unos criterios de pura lógica. No se podía poner en peligro a los usuarios utilizando un centro que no estaba en condiciones. Los problemas surgieron con posterioridad. Según pudo saber EL COMERCIO, desde el Principado, por boca de María Jesús Elizalde, directora general de Personas Mayores, se garantizó a los usuarios, y también a la junta de gobierno del centro de pensionistas, que la salida sería por un tiempo, mientras se realizaban las obras, y que habría un posterior retorno. Los hechos han demostrado lo contrario. Nueve meses después, se anuncia que no existirá tal retorno y que los usuarios del centro de pensionistas deberán conformarse, al menos por el momento, con los actuales locales alquilados en la calle de San Bernardo, que no alcanzan los 300 metros cuadrados, en lugar de los 1.500 que tenían en Cimadevilla. Además, este nuevo centro provisional tiene serios problemas de accesibilidad al no encontrarse en una planta baja, algo que afecta, como es lógico, de forma muy especial a las personas mayores usuarias del mismo.
18.000 socios
Los locales hasta el pasado mes de marzo utilizados como centro de pensionistas en Cimadevilla estaban alquilados por el Principado a la propietaria de los mismos, que es la Fundación San Eutiquio, responsable también de la residencia de ancianos anexa al mismo, y de la que es presidente el párroco de la Iglesia Mayor de San Pedro, Javier Gómez Cuesta.
Hace años, cuando el ya fallecido Bonifacio Sánchez era el párroco de San Pedro, ya planteó la necesidad de sacar el club de mayores de ese local parroquial y llegó a denunciar el contrato. ¿El motivo? Entendía que la parroquia necesitaba los locales para sus habituales servicios y que era el momento de que el centro de pensionistas fuera trasladado a otro lugar. Era un asunto muy sensible y, de hecho, desde hace unos seis años, ya con Javier Gómez Cuesta como párroco, la situación se prolongó a la espera de encontrar alguna solución que pudiera ser buena para todas las partes. Finalmente, la precariedad del inmueble provocó una salida más precipitada de lo que cabía esperar en un principio.
El centro de pensionistas de Cimadevilla tiene más de 18.000 socios. El cierre de la instalación del barrio alto provocó algunas protestas, paliadas por la promesa de retorno del Principado. Estaban dispuestos a asumir algunas molestias durante un año, pero para mejorar en el futuro. Las sospechas de que no existirá el previsto retorno han creado un considerable malestar entre los socios, que se sienten engañados en su buena fe, a la vez que exigen al Principado que subsane lo antes posible esta situación con unos locales dignos en el centro de la ciudad. La Fábrica de Tabacos de Cimadevilla vuelve a estar en la mente de algunos.