El segundo intento por aclarar la muerte de Rocío Wanninkhof comenzó a las diez de la mañana pero la curiosidad y la expectación que despierta este caso madrugaron mucho más. Desde mucho antes, cámaras de televisión, furgonetas, flashes de cámaras de fotos y los 130 periodistas acreditados rompieron con la tranquilidad diaria del Palacio de Justicia.
El primero en llegar fue el británico Tony Alexander King, que quiso proclamar su inocencia: «N0 soy un criminal». Sus gritos y golpes contrastaron con el silencio que envolvió la llegada de la familia de Rocío Wanninkhof. La madre, Alicia Hornos, llegó triste, nerviosa, deseosa de «poner fin a un calvario que dura ya siete años».