Una de las claves del auge que han experimentado las razas de vacuno asturiano en los últimos años es el centro de testaje de Llanera, gestionado por las asociaciones de criadores Aseava y Aseamo.
Su labor fundamental es mejorar el rendimiento genético de ambas razas. Para ello, selecciona los mejores machos jóvenes y les hace varias pruebas con el objeto de comprobar cuáles responden mejor a las exigencias que se requieren para un buen rendimiento. Para ello, se atiende a factores como el crecimiento muscular, la conformación de la propia res o su capacidad de transformar los alimentos que ingiere en carne de calidad. El objeto último es que el ganado dé una carne de mejor calidad en cada generación.
Los terneros llegan, provenientes de las explotaciones de los asociados, con seis meses de edad. Antes, los técnicos habrán hecho un trabajo de campo en cada estabulación para buscar los más adecuados. Una vez en el centro, los que crecen más y en mejores condiciones se seleccionan para utilizarlos en la inseminación artificial, y el resto vuelven a las explotaciones de extensivo y, si se considera adecuado, se usan para inseminación directa. El centro de testaje funciona desde 1996. A partir de este año, las asociaciones dieron un gran salto cualitativo.