Irak y Siria reanudaron ayer sus relaciones diplomáticas tras veinticinco años de ruptura, un paso que Bagdad espera que ayude al restablecimiento de la seguridad en su territorio. El acuerdo fue firmado por el ministro de Asuntos Exteriores del país pérsico, Hoshiyar Zebari, y su homólogo vecino, Waleed Al-Mualem, el primer emisario de Damasco que visita Bagdad desde el derrocamiento del régimen de Sadam Hussein en 2003.
Tanto Al Mualem como Zebari calificaron de «fructíferas» las conversaciones, y subrayaron que se centraron en la reanudación de la cooperación bilateral en todos los ámbitos. «Pronto serán nombrados los embajadores en los dos países, y nuestra bandera será izada en Bagdad y la de Irak en Damasco», dijo el titular iraquí de Asuntos Exteriores en una conferencia de prensa conjunta con Al-Mualem. «Esperamos que este paso sea seguido por medidas prácticas para que tengamos canales de contacto permanentemente abiertos», añadió. Zebari confirmó asimismo que su presidente, Yalal Talabani ha aceptado una invitación del jefe de Estado sirio, Bachar Al Asad, para visitarle en Damasco en un viaje que «realizará próximamente».
Por su parte, el ministro del régimen de Al Asad reiteró que su país «apoya el proceso político en Bagdad y está en contra de cualquier intento de sabotearlo», ya que «la alternativa no serviría ni a Irak ni a los países de la región».
Acusaciones de EE UU
Varios responsables de Estados Unidos e Irak habían acusado repetidamente a Siria de no hacer lo suficiente para impedir la infiltración en territorio iraquí de «terroristas no iraquíes» a través de la frontera común. Incluso, el portavoz de la fuerza multinacional en el país pérsico, general William Caldwell, aseguró el lunes, poco después de la llegada de Al-Mualem a Bagdad, que entre cincuenta y setenta combatientes extranjeros entran cada mes procedentes de Siria.
Pese a todo, la visita del ministro sirio coincidió con llamamientos norteamericanos a favor de un papel sirio e iraní en el restablecimiento de la seguridad en Irak y el apoyo al plan de reconciliación nacional del primer ministro, el chií Nuri Al-Maliki.