Toro, te estás portando de lujo, ¿eh tío?». Con expresiones de este estilo premiaba el supuesto traficante gallego de la 'operación Pipol' la fidelidad mostrada por Antonio Toro Castro. Así se puso de manifiesto ayer durante la audición en el juzgado de las escuchas telefónicas efectuadas por la Policía en su investigación. A través de las conversaciones, Toro se revela como un hombre servicial ante M. B. M. el presunto capo de la droga, un aspecto que choca de lleno con el perfil del avilesino tras ser imputado en los atentados del 11-M.
Esa relación de sumisión, que ya había adelantado el policía que instruyó la 'operación Pipol' durante su declaración, se va constatando con el paso del tiempo. De hecho, en las primeras escuchas telefónicas M. B. M. reniega de Toro al que considera «un carota y un chupón». En conversaciones con terceros señala que «'paso' de Toro vilmente» y, posteriormente, en una charla que mantiene con él a mediados de mayo de 2001 le espeta: «Tú acabaste conmigo. Estoy hasta los huevos de que me hablen mal de ti (...). Eres un mentiroso de la hostia, cuando llegue 'Nayo' se lo dices porque te estás haciendo una película que no te la crees ni tú». El problema había surgido a raíz de que José Ignacio Fernández Díaz, alias 'Nayo', imputado en el 'caso Pipol', y huido de la justicia, asegurara que Toro le había vendido 'mercancía' en mal estado.
Mientras que en las primeras semanas de las escuchas el gallego flirtea con 'Nayo' y duda de Toro, con el paso del tiempo es éste quien le demuestra la fidelidad que espera y quien acaba ganándose su confianza. Las palmaditas en la espalda son continuas: «Anda, chato, vienes a buscarme a Lugo y luego nos vamos a la playita. Por aquí hay unas playas chulas», le dice. Toro llega a viajar a Galicia varias veces al día sólo para cumplir las órdenes de M. B. M. Tanto ajetreo le hace perder los nervios por la tensión que le provoca tanto ir y venir: «Tío, me estoy volviendo loco, y no puede ser que discuta con mi madre por una p... movida».
Y es así como, poco a poco, esa confianza entre ambos se consolida. De las escuchas se deduce que en juniohacen varios viajes juntos, uno de ellos al sur de la Península, y que, incluso, Toro ya ha desvelado a M. B. M. cuestiones personales, como su buena relación con su madre y su hermana, ex esposa de José Emilio Suárez Trashorras, o, por ejemplo, que en un breve plazo «van a operar a mi abuelo, por lo que para entonces tengo que estar de vuelta». También se demuestra cómo M. B. M. emplea el teléfono de su compinche para llamadas personales, tal y como hace para llamar a su novia a Galicia. Pero, aparte de la relación que se consolida entre Antonio Toro y M. B. M., los pinchazos telefónicos van desvelando el 'modus operandi' de los implicados en la trama de narcotráfico.
Vigilancia
En el día de ayer, las escuchas se centraron en los teléfonos del avilesino, de M. B. M. y también de L. C. G., el ex policía local de San Martín del Rey Aurelio, acusado también de narcotráfico. El gallego y éste último confían mutuamente el uno en el otro, pero cuando el policía sospecha que está siendo vigilado comienza a distanciarse y rechaza sumarse a uno de los viajes que tenían pensado hacer, supuestamente, para conseguir droga. «Al número de ahí ni se te ocurra llamar. Nos vemos personalmente la semana que viene», señala.
En una de las llamadas intervenidas por el Grupo de Estupefacientes de la Comisaría de Policía de Gijón, y a raíz de las sospechas de que está siendo vigilado, L. C. G. contacta con su esposa a la que da indicaciones para que se deshaga de 'cosas' que tienen en casa: «Sube pa casa rápido. ¿Acuérdeste de lo pequeño? Tira lo que hay allí y las bolsas, rápido, y arranca hojas de la libreta».
Tras esa llamada, L. C. G. también avisa a M. B. M.: «Fíjate bien, ¿eh? De la que vienes mira bien por ahí». Son las diez de la mañana del 22 de mayo de 2001. Faltan escasos dos meses para que los tres, junto a otros 17 implicados que hoy se sientan en el banquillo de los acusados, sean detenidos por la Policía.
Ayer, durante la vista oral en los juzgados de Gijón, el abogado de M. B. M., Ricardo Álvarez-Buylla negó que el teléfono pinchado perteneciera a su representado, una queja que el tribunal no admitió como válida. Además, dos de los procesados protestaron ante sus abogados porque un agente del Cuerpo Nacional de Policía les llamó la atención por leer el periódico en la sala. «Salvo que alteren el orden público, no se dirijan a los justiciables», ordenó el magistrado a los funcionarios. El juicio continúa hoy con nuevas escuchas telefónicas. «