Miércoles, 22 de noviembre de 2006
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Seguimos con las disensiones en el comunismo patrio. Felipe Alcaraz, presidente del Comité Federal de PCE, recuerda a los dirigentes del PCA que en caso de que no quieran acatar las órdenes de repetir el último congreso, se convocará directamente desde Madrid. Alcaraz lamenta que desde Asturias se hable de escisiones.

Quedan ya lejos los tiempos en que Arthur Koestler escribiera 'El cero y el infinito', así que ese lenguaje de escisiones, desviaciones, y demás jerga propia del estilo de la Komitern carece de valor. La vida ha cambiado tanto en los últimos veinte años, que en Europa apenas quedan partidos comunistas, y en las basílicas del Kremlin se han vuelto a oficiar los ritos religiosos del credo ortodoxo. El PCE y el PCA no le dicen nada a nadie, porque la gente que vota más a la izquierda del PSOE, ya tiene a IU para sentirse representada. El PCE no define estrategias de izquierda ni constituye ningún grupo de análisis, ni otras zarandajas por el estilo. Es un recuerdo del pasado, cuando el mundo se dividía en dos bloques y los 'pecés' eran la avanzadilla en Occidente del bloque anticapitalista. En marzo de 1977, la cumbre en Madrid de los líderes eurocomunistas (Berlinguer, Marchais y Carrillo) supuso una esperanza para la gente de izquierda porque cabía plantear una alternativa al capitalismo. Ahora ya sabemos que la alternativa al capitalismo es el propio capitalismo. Que se lo digan a los comunistas chinos, que hace unos años patentaron el lema, 'enriqueceros', como si fuese una consigna revolucionaria.

Lo mejor que le podía pasar a la causa de IU en Asturias es que el PCE de Paco Frutos y Felipe Alcaraz expulsara de su organización a los comunistas asturianos, para que IU compareciese ante el electorado sin adherencias equívocas. No se puede ser de izquierdas, predicar el espíritu crítico, fomentar el avance de los derechos civiles, y mantener todos los tópicos del pensamiento retrógrado del siglo XX. Parece mentira que en Italia, tras el proceso de regeneración democrática iniciado en los años noventa con el fenómeno de 'manos limpias', hayan podido clausurar un partido como el PCI que tuvo dos millones de afiliados y un 36% de votos, y que en España, IU lleve veinte años tutelada por el PCE.

 
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