Robert Altman ha sido un director prolijo, un 'destajista' cinematográfico que ha acumulado a lo largo de su turbulenta carrera un total de 86 películas. También firmó 37 guiones y 'cocinó' 39 proyectos en calidad de productor, un currículum que sólo la muerte ha podido truncar.
El pasado febrero, en el Teatro Kodak de Hollywood, el cineasta estadounidense fue a recoger el Oscar honorífico con el que le premió la Academia por toda una vida dedicada al séptimo arte. Con la estatuilla dorada en las manos, desveló que en 1996 le habían hecho un trasplante de corazón. «Lo llevé en secreto porque quería seguir haciendo cine».
Los que le conocían le tacharon de «un soberbio que se cree un genio». A Altman le daban igual las críticas, la rumorología y las envidias. Sólo quería hacer películas, con esa mirada fija e irreverente sobre los valores tradicionales estadounidenses.
Tenía cinco hijos de tres matrimonios. La fidelidad sólo se la había jurado al cine.