Lleva toda la vida pintando y acumulando preguntas. Dice que el tiempo le ha hecho sumar más intereses por el sano ejercicio de la duda, que por la intención de hallar certezas. Que sus cuadros, construidos sobre figuras humanas, son la estructura del mundo que se alegra y sufre, en el que llueve y de vez en cuando sale el sol. Dice Juan Gomila, mientras observa los papeles y telas que le devuelven a las paredes de Gijón (la otra ciudad de este catalán que vive en Madrid), que ahora reconoce imposible el cuadro perfecto, pero aún así vive de perseguir sus formas. Las formas que, a partir de pasado mañana, se podrán contemplar en la galería Gemma Llamazares, donde estos días prepara su primera exposición después de once años.
-¿Qué ha pasado durante este tiempo por su pintura?
-Lo mismo que por mí, los años, que se tienen que notar en todo, en lo que hacemos, en cómo lo hacemos y en cómo estamos.
-Pero sus figuras humanas siguen estando en el centro de cada cuadro, invitando a llegar a sus entrañas.
-Todos tenemos unos patrones y sobre ellos trabajamos, son nuestro apoyo. Después puedes tener una implicación emocional e intelectual con ellos o no. En mi caso esa es total, son las estructuras básicas sobre las que construyo el cuadro, sobre las que articulo mis historias, como hago con mi vida y con mi arte.
-¿Qué hay detrás de esos cuerpos?
-Son la vida humana, con su entorno urbano, político, con la locura de la vida, con todo lo que pasa en el mundo. Son el resultado de estar siempre atento a todo, de vivir sin ser ajeno a nada y buscando algo, algo para lo que no acabas de encontrar la solución perfecta.
-¿Existe?
-Crees que te vas acercando con el tiempo, pero lo único a lo que te acercas es al convencimiento de que, efectivamente, no existe, es imposible. La diferencia con los tiempos de juventud es que ahora lo sabes.
-Pero si sigue buscando es que no hay certeza de esa imposibilidad.
-Efectivamente, lo que hay es una duda y es esa la que te permite vivir. Soy su absoluto defensor, sin ella no sabría seguir adelante. La certeza es un absoluto disparate que impide avanzar y aceptar el entorno.
-Volvamos a la exposición. La mayoría papeles, frente a unos pocos lienzos, ¿por qué?
-Sencillamente porque el papel me permite todo. Es lo más agradecido que conozco. He llegado, incluso, a pegar papel sobre tela para beneficiarme de sus muchas virtudes, además el papel te ofrece la metáfora de la delicadeza. Piensas que lo puedes romper y no pasa nada, aunque luego no lo hagas.
-Acrílico frente a óleo.
-El acrílico te permite trabajar deprisa, seca enseguida.
-Pero usted puede estar tres años con un cuadro, ¿para qué quiere esa prisa?
-Sí, yo estoy mucho tiempo con un cuadro, luego lo dejo, luego vuelvo a él, pero necesito que la pintura seque porque estoy constantemente pintando sobre lo pintado.
-Trabaja como muchos escritores escriben sus novelas.
-Si es algo parecido. En mi territorio sólo conozco a un pintor, Howard Hodgkin, que ahora cuelga en el Reina Sofía, y que también sigue ese proceso de trabajo.
-¿Que opina del arte que nace de las nuevas tecnologías?
-Que unida a la mucha información a la que hoy se tiene acceso, las tecnologías permiten crear artistas, que aparecen entre grandes titulares y desaparecen en silencio. Pero lo importante es superar el paso del tiempo.