Miércoles, 22 de noviembre de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA

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Muere Robert Altman, conciencia crítica del cine made in Hollywood
El octogenario cineasta había recibido este año el Óscar de Honor, el primero de su singular carrera 'A Prairie Home Companion' fue su última película
Muere Robert Altman, conciencia crítica del cine made in Hollywood
RODAJE. Robert Altman, durante la filmación de una secuencia de 'A Praire Home Companion', su última película. / E. C.
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LA FILMOGRAFÍA
'Los vividores' (1971)

La pareja formada por Warren Beatty y Julie Christie protagonizan este clásico de Altman, ambientado a principios del siglo XX. Su siguiente película. 'M.A.S.H.' (1970)

Esta película fue el primer gran éxito de Robert Altman. Se trata de una sátira de la guerra de Corea desde el punto de vista de los médicos americanos. Se convertiría después en una exitosa serie de televisión. 'Nashville' (1975)

La película constituye un insuperable retrato de la sociedad norteamericana de los años setenta a través de la música 'country'.

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Con una larga carrera a sus espaldas y una sólida fama de irónico y errático, el director norteamericano Rober Altman falleció el lunes, a los 81 años, en un hospital de Los Ángeles. Realizador independiente mucho antes de que se acuñara el término, el autor del mítico y antimilitarista 'M.A.S.H', de 'Nashville', 'El juego de Hollywood' y 'Vidas cruzadas', fue una de las voces más críticas del cine de su país. Sin duda forma parte del selecto grupo de maestros del cine contemporáneo que, críticas al margen, siempre aportan algo propio, original y nuevo a lo que hacen.

Nominado en cinco ocasiones, el veterano realizador fue reconocido por Hollywood este mismo año, cuando recibió de manos de las actrices Meryl Streep y Lily Tomlin el Óscar de honor, el primero a una carrera en la que figuran 86 películas -la última 'A Praire Home Companión', que se presentó en el pasado Festival de Berlín-, 37 guiones y 39 proyectos como productor. Cuando recogió la estatuilla dorada desveló que hace diez años le habían realizado un transplante de corazón, algo que llevó en secreto porque quería seguir haciendo cine. «Sé que era el corazón de una mujer de 30 años», afirmó el viejo Altman. El portavoz de su productora no ha precisado las causas de su fallecimiento.

Siempre en forma, el cineasta se impuso a los vaivenes de la moda, los dictámenes de los estudios de Hollywood y la precariedad económica con que levantó algunos de sus filmes. De él siempre se ha destacado esa mirada que «mantiene fija e irreverente sobre los valores tradicionales norteamericanos».

Superviviente también de los azotes de la crítica, que no siempre le trató bien, este singular director, productor y guionista nació y se crió en Kansas City, a ritmo de jazz. Debutó como director en 1957 con 'The Delinquents', un drama sobre pandillas juveniles al que siguió un montaje consagrado a la figura de James Dean, que fue su tarjeta de presentación.

Antes, el futuro director se había formado con los jesuitas y había hecho su primera incursión en el mundo del espectáculo como guionista y productor de documentales, unos antecedentes que influyeron en su obra posterior.

A lo largo de su filmografía, Altman dejó patente su espíritu libre y su deseo de permanecer al margen del oropel de la meca del cine. Además, se atrevió con todos los géneros y tipo de argumentos, y reunió en sus repartos un amplio plantel de actores de tres décadas distintas.

Entre las películas más célebres de este hombre alto de perilla a lo Buffalo Bill y mirada enérgica que le daban aspecto de patriarca está la irreverente 'M.A.S.H.', divertida parodia de la guerra de Corea con la que se llevó la Palma de Oro de Cannes en 1970; 'Los vividores', con Warren Beatty y Julie Christie; la adaptación de la novela de Raymond Chandler 'Un largo adiós'; el musical 'Nashville'; y 'Un día de boda', con Carol Burnett. Altman también se atrevió con la versión en imagen real de 'Popeye', con un casi debutante Robin Williams.

Regreso triunfal

En los ochenta, este hombre políticamente incorrecto -dijo avergonzarse de ser estadounidense tras la elección de George Bush como presidente- sufrió un bache, pero remontó con fuerza para criticar el mundo que mejor conocía: los entresijos de la fábrica de sueños en 'El juego de Hollywood'. Con esta demoledora sátira consiguió las alabanzas de la crítica y el éxito del público.

Su regreso triunfal continúo con ese retrato sobre la ansiosa vida cotidiana contemporánea de Los Angeles, 'Vidas cruzadas'; 'Pret a porter', donde desveló todo lo que nunca se había dicho del mundo de la moda e incluyó una maravillosa secuencia entre Sofía Loren y Mastroianni; el homenaje que hizo al sonido de su infancia, el jazz, en 'Kansas City'; la personal interpretación del mundo de John Grisham en el thriller 'Conflicto de intereses'; y 'Gosford Park'.

La televisión y el teatro también formaron parte de la agenda de este creador que en su larga pelea con la industria de Hollywood aceptó un autoexilio en París a comienzos de los ochenta. Duró poco, porque sabía que su sitio estaba en Estados Unidos.

 
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