Miércoles, 22 de noviembre de 2006
Registro Hemeroteca

en

SOCIEDAD Y CULTURA

LA CLEPSIDRA
Los nuevos creyentes
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

EN ciertos lugares del mundo la gente resuelve a tiros su derecho a poseer una videoconsola. Confieso que la noticia no me causa terror ni piedad; si acaso un poco de risa y otro tanto de cólera, un cóctel realmente aburrido. Al fin y al cabo, un tipo que guarda cola durante cuarenta y ocho horas para comprar un electrodoméstico es una metáfora más del mundo feliz. Sobre todo porque ese tipo, al día siguiente, por diez segundos de demora en un semáforo mientras le explicas a tu hijo la diferencia entre el rojo y el verde, puede abrirte el cráneo con un picahielos. Esta barbarie disfrazada de audacia técnica ya no me espanta, pero no deja de ofenderme. Te atropellan por poseer una Nintendo, pero no saben quien fue David Wark Griffith.

La huida hacia mundos virtuales muestra en toda su crudeza el temor platónico a habitar en un universo de esclavos; esclavos intelectuales, se entiende, pues sus bolsillos están llenos de dólares, euros y yenes con los que conquistar cada sueño forjado. ¿Por qué la gente se evade a Second Life? Porque la vida ya no mola; porque las tres dimensiones clásicas se han quedado cortas y la cuarta, el espaciotiempo, es demasiado filosófica para enredarse con ella; y, sobre todo, porque en Second Life cualquiera puede jugar a ser Rocco Siffredi o Britney Spears.

¿Quién necesita de sacerdotes existiendo absoluciones de plasma? ¿Cómo seguir creyendo en principios trascendentes cuando los dioses habitan en pastillas de silicio? ¿Para qué leer Crimen y castigo si hay caníbales de fibra óptica en cada recodo de la Red? Mejor pilotemos motos virtuales, cometamos adulterios virtuales, nademos junto a delfines virtuales en océanos virtuales. El simulacro es hoy el pan nuestro de cada día. La realidad se ha vuelto clandestina, la hemos expulsado muy lejos de nosotros, hasta el punto de correr a nuestras casas para evadirnos de esposas e hijos reales y vivir vidas ortopédicas pero reconfortantes. El mundo nos ha aplastado; el cibermundo nos ha liberado. Las futuras generaciones irán perdiendo todo lo accesorio: el dedo meñique del pie, el aparato auditivo, las papilas gustativas. Serán un gigantesco ojo.

Y un dedo índice para apretar toda clase de gatillos.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo