Juan Echanove regresa a su querido Teatro Palacio Valdés hoy viernes. En esta ocasión, interpreta a Michel, el protagonista de 'Plataforma', la polémica obra de Michel Houellebecq dirigida por el siempre interesante Calixto Bieito.
-¿Por qué regresa a la interpretación teatral?
-Por lo mismo que me llevó a dirigir y, en su momento, me volverá a llevar a la dirección. Después de 'Visitando al señor Green', Calixto Bieito me ofreció un papel que estaba buscando. Mi cuerpo me pedía ir a la cara oculta de los sentimientos humanos después de ese viaje a la felicidad que fue el 'Señor Green'. No es fácil hablar de 'Plataforma'. Es una obra muy compleja y aún llevamos poco tiempo con ella.
-¿Cómo es el trabajo con Calixto Bieito?
-Apasionante, vertiginoso. Tiene la capacidad de agitar el mar con una mano, generar olas de doce metros y luego te da una tabla de wind-surf. Y, si tienes valor, ponte arriba. Consigue con su trabajo una implicación total. Trabajar con él exige una entrega máxima. Hace que sientas esta profesión como algo vivo y maravilloso.
-¿El Echanove director ha aprendido algo de esta experiencia?
-Sí, cuando trabajas con un director te deja huella. Y Bieito me ha dejado una huella profunda. Aún estoy en su mundo. Preparar 'Plataforma' no fue fácil. Estaba rodando 'Manolete', terminé y, al día siguiente, estaba en Barcelona, cansado y estudiando el libreto todo el verano. No fue fácil. Pero este montaje es una maravilla, un regalo de la vida.
-Las obras dirigidas por Bieito turban al espectador de una manera brutal, ¿se siente lo mismo como actor?
-Mi condena como actor es que nunca veré 'Plataforma' como público. La función es dura porque habla de cosas duras. Usamos pornografía en pantallas de video, pero es mucho más duro de digerir lo que oímos que lo que vemos. No comparto el modo de ver la vida de Houellebecq, pero ve la realidad con unas gafas totalmente limpias y eso genera polémica.
-¿Detrás de la polémica late la hipocresía?
-Sí. Se encuentra esa especie de vértigo que aparece al seducir a una mujer por primera vez. La idea del sexo es un acelerante en las relaciones humanas. Como en esas películas de detectives, donde escuchamos que usan un acelerante para que el fuego se propague con más rapidez. Trabajamos con materiales muy volátiles y el sexo es un acelerante. Lo sorprendente es que, en medio de todos los materiales de 'Plataforma', surja una historia de amor.
-¿Cómo vive uno con ese material?
-Una amiga, que conoce muy bien la obra de Bieito y de Houellebecq, me aconsejó que me rodease de cosas buenas porque durante una temporada iba a bucear en el lado más oscuro del ser humano. Es un consejo muy acertado y que trato de seguir rodeándome cada día de luz. Por eso me viene de puta madre (sic) ir a Avilés, porque ahí nací como director.
-¿Afecta un texto tan duro a la convivencia en la compañía?
-Todos somos profesionales y existe un gran respeto profesional por el trabajo. Luego, cada uno construye su vida privada. No se trata de llevarse bien o mal. Existe un respeto y admiración mutua. Cuando salimos del escenario, aplaudimos el trabajo de los demás.
-¿Volverá a la dirección?
-Hay un proceso de pre-producción en marcha. Aún no tiene una forma concreta, pero ya trabajamos en la búsqueda del texto, mirando varias obras. Mi idea es dirigir la próxima temporada. Después de Navidades, 'Plataforma' llegará a Madrid. Es una apuesta muy fuerte y no pienso más allá.
-¿Es pronto para hablar de un nuevo estreno en Avilés?
-Si Avilés me lo ofrece, firmo mañana. Se lo debo a sus técnicos. Es mi teatro favorito y donde mejor me han tratado en la vida. Avilés es la mejor ciudad para trabajar antes del estreno. Es un lugar tranquilo. Si de mí depende, firmo ya.