SE celebra el 44 Festival Internacional de Cine de Gijón cuando se cumplen 110 años de la llegada del genial invento a la ciudad. Si en España el historiador del cine por excelencia es Román Gubern, las investigaciones sobre los orígenes y los primeros pasos de este espectáculo en Asturias tienen un nombre: Juan Carlos de la Madrid, cuyo trabajo 'Cinematógrafo y varietés en Asturias (1896-1915)' es digno de recomendación para quien desee ahondar en tan sugerente y provechoso asunto. La principal fuente para conocer más detalles sobre aquellas primeras proyecciones en la villa es la prensa de la época, fundamentalmente EL COMERCIO y -desde 1897- 'El Noroeste', los dos principales diarios que se voceaban por las calles del Gijón finisecular.
Cada verano, la nota más reseñable que alteraba el rutinario transcurrir del año gijonés era la estival afluencia de los visitantes que podían permitirse el privilegio que suponía hacer turismo junto al Cantábrico. Pero el verano de 1896 fue diferente. Los vecinos recibieron entonces una visita inédita y de imprevisible trascendencia; el 12 de agosto de aquel año el cinematógrafo recaló en Gijón. Era la primera ciudad de Asturias que disfrutaba de tan curioso invento, ya que éste se desplazaba al socaire de las ferias y fiestas locales y, casualmente, las de Begoña precedían a las de San Agustín y éstas a las de San Mateo, razón por la que primero Avilés y luego Oviedo siguieron a Gijón en el goce de aquella maravilla de la técnica, que en España había tenido su primera experiencia en Madrid a mediados del mayo anterior. El estreno tuvo lugar en el teatro Jovellanos el día 13 de agosto, y las funciones continuaron durante los días siguientes cada media hora desde las siete y media de la tarde; el precio general de las localidades era relativamente asequible: 50 céntimos, elevándose a una peseta para las butacas. El edifico de la actual Biblioteca Jovellanos alojaba en aquella época el afamado coliseo.
Al año siguiente, las funciones se prolongaron a lo largo de todo el periodo estival, entre julio y setiembre. Tuvieron lugar en un bajo ubicado en el número 33 del paseo de Begoña, entonces llamado de Alfonso XII. La principal novedad, desde luego, fue la proyección de las que pueden considerarse las primeras películas impresionadas en Asturias, concretamente en Gijón: 'Vista de un rompeolas tomada desde el cerro de Santa Catalina' y 'Vista del Campo Valdés tomada a la salida de misa de la iglesia de San Pedro'. En 1904 pudieron verse en el llamado Salón Luminoso nuevos títulos rodados en la provincia: 'El batallón infantil de Gijón' y 'Un paseo por la calle Corrida'. Antes de eso, en 1901, el Salón Variedades había sido instalado en la ciudad por el maño Eduardo Jimeno, responsable de la primera cinta española que todavía se conserva: 'Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza'.
Naturalmente, aquel verano de 1897 la oferta fue mucho más amplia. Por ejemplo, abundaron las vistas y escenas grabadas en afamados destinos mundiales que el grueso de los gijoneses sólo se podía permitir visitar con la imaginación, por lo que la pantalla se convertía en una ventana con vistas de excepción al resto del globo: las góndolas venecianas, las palomas de la plaza de San Marcos, los bañistas de Lisboa, el carnaval de Niza, los parisinos Campos Elíseos, las cataratas del Niágara, etcétera. También temáticas castrenses muy a propósito para el público de un país que libraba una guerra en Cuba: 'Militares montando a caballo', 'Asalto a una trinchera', 'Infantería española en Vivac', 'Coraceros franceses', etcétera. Igualmente, se reflejaron en el lienzo algunas corridas de toros rodadas en Sevilla y, según indicaba la prensa, uno podía sentir que las estaba presenciando en la misma plaza de la capital hispalense; sin embargo, aunque fueron muy aplaudidas, no debieron ser del agrado de todos los vecinos, considerando que al menos desde comienzos del nuevo siglo existía en la villa una Sociedad Cultural Antiflamenquista y Protectora de Animales y Plantas que censuraba la tauromaquia; el día de Begoña de 1914, por ejemplo, esta agrupación organizó como alternativa una Fiesta Cultural Antitaurina que decía responder «a elevados ideales de civilización y progreso» y a la que asistieron reputados intelectuales del momento, como los templados republicanos Gumersindo de Azcárate, profesor de la Institución Libre de Enseñanza y colaborador durante años de EL COMERCIO, o Aniceto Sela, que presidió el acto y que por aquel entonces era rector de la Universidad de Oviedo.
Asimismo, entre las cintas proyectadas ese mismo verano, pudo verse la clásica 'Demolición de un muro', que algunos autores -Agustín Sánchez Vidal, por ejemplo- creen justificado considerar la pionera de todos los trucos y efectos especiales, ya que, pasada al revés, la cinta generaba la ilusión de que la pared se levantaba por sí misma desde sus polvorientos cimientos. Tampoco debieron faltar exponentes de un género cómico todavía en pañales, como parece sugerir el título 'Ir por lana y salir trasquilado', que plantea un juego de palabras similar al que se aprecia en 'El regador regado', que se ha considerado pionero en ese género. Y no menos clásica era la 'Llegada de un tren', que en el ejemplo visto en Gijón lo hacía a la lionesa estación de Perrache; piénsese por un momento en la percepción de un público no acostumbrado a lo que representa el cine, que, al identificarse con el punto de vista de la cámara, tendría la impresión de que la locomotora se les iba a echar encima.
Los gijoneses decimonónicos tuvieron que asistir perplejos a semejante espectáculo; debía ser tan novedoso como fascinante ver cómo las imágenes cobraban vida. Resulta muy complicado hacerse hoy una mínima idea de las sensaciones que aquellos convecinos experimentaron ante un hecho tan prodigioso. Y, si nos paramos a reflexionar, algunos de estos descubrimientos añejos todavía hoy conservan su capacidad de maravillar. ¿O es que, aun conociendo los mecanismos químicos que están en la base de la fotografía, no sigue siendo sorprendente que una estampa efímera y fugaz de la realidad pueda ser mágicamente inmortalizada en un papel? Y no digamos el movimiento, por más que una cosa lleve a la otra.