NO es incompatibilidad de caracteres lo que indispone o enfrenta a Esperanza Aguirre, presidenta de la comunidad madrileña, con Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid. O viceversa. El problema entre ellos surge porque el dominio de la actual plana mayor del PP sobre el partido es tan fuerte que en los despacho de Génova no parece asomar ningún relevo a Rajoy, debiendo admitirse por coherencia política que el futuro no espera nada de quienes resultaron definitivamente amortizados en la noche del 14-M, aunque retrasen de momento su fecha de caducidad. Si hay discrepancias, que las hay, éstas se expresan en susurro, lo que en cierto modo magnifica la personalidad de los dos contendientes madrileños, ninguno de los cuales adopta ante la autoridad actitudes sumisas o silencian sus opiniones, aunque acepten la disciplina del capítulo popular y a veces, el alcalde especialmente, extreme su discreción.
Esperanza Aguirre se considera la reserva más singularizada del PP para suceder/sustituir a Mariano Rajoy, mientras que Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de la ciudad, se siente la alternativa centrista, de un centrismo flexible e inteligente, a las ambigüedades ideológicas y a las estrategias a veces excesivas de la dirección de su partido. Y la inminente publicación de la biografía autorizada de Aguirre, con el flamante título de 'La presidenta', ha desatado un nuevo episodio de hostilidades en la cumbre de la autonomía madrileña. El libro, además de reflejar la sana ambición de la protagonista a verse considerada como la Thatcher o la Merkel española, dedica mucha atención a zancadillear a quien considera su adversario más directo en la carrera presidencial.
No parece tener prisa el alcalde en subir un nuevo peldaño en su trayectoria política, a la que han puesto en ocasiones obstáculos infranqueables algunos dirigentes del PP, y desde su paciente serenidad espera el momento de dar un nuevo paso al frente en su partido, lo que no sería aconsejable antes del día siguiente -'the day after'- a las elecciones generales de 2008, siempre que Rajoy no las perdiera, lo que podría suceder a la luz de los últimos sondeos. La presidenta, en cambio, empezaría a dar muestras de impaciencia, y lanza su libro como intentando decir que «aquí estoy yo, Esperanza, y allí está él, Gallardón». Observe el lector las diferencias entre una y otro, parece sugerir insistentemente quien nunca ha ocultado su ambición de llegar a ser «presidenta total», como reconoce el título de su hagiografía autorizada.
Dos personalidades institucionales mal avenidas no tienen por qué dañar la buena administración de sus respectivas zonas competenciales, pero donde hacen daño sus reyertas es en el partido al que ambas pertenecen. No es ahora el momento de presentarse voluntario o voluntaria a la batalla más bien postelectoral que se avecina, hacia marzo de 2008, si no se adelantase la convocatoria, por lo que el libro es inoportuno y procuraría liberar en picaduras de avispa una serie de posibles resentimientos acumulados o simplemente limar el prestigio de su competidor a medio plazo.
A Rajoy no le ha gustado ni el revuelo que ha levantado el libro ni el hecho de la publicación, y ayer evitaba ante la prensa manifestar su opinión sobre el asunto, diciendo solamente que había pasado los días ocupado en grandes y graves temas nacionales, y que esto son «cosas que pasan y accidentes que se producen», sin precisar si irá, como estaba previsto, a la presentación oficial de 'La presidenta'. El alcalde ya ha declinado su asistencia. No va correr la sangre.