Viernes, 24 de noviembre de 2006
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La familia europea de Putin
EN los días que precedieron a la cumbre Rusia-Unión Europea de hoy, Moscú distribuyó profusamente un artículo del presidente Putin en el que el líder ruso afirmó esto: «Rusia forma parte de la familia europea ( ) aunque no nos planteamos la tarea de unirnos a la Unión Europea».

Es como si Putin, en un ambiente difícil por las graves divergencias sobre provisión de energía y el bloqueo polaco a la renovación del acuerdo marco, deseara dejar clara una especie de tercera vía entre el 'kissingeriano' y recordado aserto «Rusia está en Europa, pero no es Europa», a la fórmula transcrita, la de la pertenencia por razones históricas y culturales a la familia europea

Con todo, si es de la familia se podría considerar la eventual entrada en una Unión que al fin al cabo reúne muchas tradiciones diversas y tiene en su seno a una potencia nuclear estratégicamente asociada a los Estados Unidos, Gran Bretaña que, además, no asume el euro y hace excepciones permanentes a la gran política común, por ejemplo sobre seguridad y fronteras.

La posición rusa no es una sorpresa y entiende servir lo que parece una línea geopolítica estructural: hay un mundo ruso, una tradición rusa, una religión nacional rusa con su Patriarca, un paradigma cultural ruso, un 'hinterland' de seguridad e influencia tal y como fue descrito por Catalina la Grande en el siglo XVIII.

Rusia es lo que S. P. Huntington llamó un Estado central de referencia en cierta región del mundo. Y eso no ha cambiado ni con Stalin, que no dudó en recurrir a la Iglesia y a un nacionalismo de viejo cuño -no al marxismo ideológico- en los días difíciles frente al III Reich.

La posición de Putin, pues, es lógica: no es un precandidato a ingresar en la Unión, pero desea una estable asociación comercial y política con la misma.

La herramienta razonable de los acuerdos-marco estratégicos ni siquiera es suya y en los días en que Javier Solana era secretario general de la OTAN incluso se negoció un partenariado estratégico que no impidió que la OTAN tocara, literalmente y con gran irritación de Moscú, en las fronteras rusas, vía Polonia y el Báltico y con la eventualidad de que suceda lo mismo en Ucrania.

Todo esto es lo que hay debajo del dossier formalmente más técnico y económico de la magna reunión de hoy y mañana en Helsinki.

 
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