SANTIAGO Carrillo considera que la presión de Frutos y Alcaraz sobre el Partido Comunista de Asturias tiene como objetivo dar la puntilla a la organización asturiana. Una disputa partidaria con implicaciones materiales, porque, como advierte el propio Carrillo, los dirigentes del PCE pueden quedarse con las sedes y el anagrama del PCA. Un asunto importante, porque si el PCA pierde las sedes, IU quedaría en precario, ya que comparten los mismos inmuebles. Resultaría inimaginable dar una batalla electoral desde la calle, como si IU fuese un colectivo 'sin techo'. Para dejar en comedia lo que puede ser un drama, añadamos que Laura González, dirigente de IU, es la consejera de la Vivienda y trabaja por colocar en el mercado pisos con algún tipo de protección oficial. Claro está que no se puede estar, a la vez, en la cola y detrás de la ventanilla.
Dejando a un lado las consecuencias materiales de la disputa comunista, resulta interesante reflexionar sobre lo que dice Carrillo cuando asegura que no se trata de un conflicto político ni ideológico, sino de una lucha por los cargos. La valoración la hace Carrillo, el político que más experiencia tiene en España sobre disputas por el poder disfrazadas de desavenencias ideológicas. Así expulsó Carrillo del PCE a Fernando Claudín, el dirigente más lúcido de la izquierda durante el franquismo, tras unas tormentosas sesiones de la dirección del partido en un castillo checoslovaco. Así expulsó a Carlos Alonso Zaldívar, el embajador más brillante que tiene España en el presente. La ideología es una magnífica disculpa para encabezar purgas internas. Eso es lo que pretenden Frutos y Alcaraz.
En la historia del PCE los relevos en la dirección del partido nunca fueron pacíficos. Carrillo sucedió a Dolores Ibarruri en un momento en el que los jóvenes de París (Carrillo y Claudín) marginaron a la vieja dirigente recluida en Moscú. Luego, Gerardo Iglesias sucedió a Carrillo y a los quince días empezó la guerra del ex secretario general contra el picador de La Cerezal. Más tarde vino el golpe bajo de Anguita diciendo que no quería el poder mientras afilaba la daga contra Gerardo. Y, por último, la pugna de Llamazares y Frutos que termina con el PCA convertido en daño colateral.