El viernes, 17 de noviembre, leí un interesante comentario en las páginas de EL COMERCIO sobre la problemática que se cierne sobre la humanidad si no logramos entre todos detener ese daño tan nocivo para la supervivencia de las personas, el famoso 'efecto invernadero'. El artículo en cuestión venía firmado por don José Ignacio González, persona inteligente donde las haya, que se ha atrevido a poner los puntos sobre las íes sobre tan espinoso asunto. Como no podía ser de otra manera, él dice con mucho acierto que nuestro país es uno de los más afectados, a la vez que somos los que menos atención dedicamos al asunto de la contaminación medioambiental, cosa que es para sonrojarse, pues demuestra que en España reina la incultura y la ignorancia al respecto.
A las acertadas palabras del señor González, con las que estoy plenamente de acuerdo, quisiera añadir algo más a modo de ejemplo, para que ustedes mismos, queridos lectores, comprueben que, a pesar de estar en el siglo XXI y de vivir en la era de los avances informáticos e internet, la mayoría de la gente pasa del tema y lo valora muy poco.
Hace unos días, en un programa radiofónico en el cual dos periodistas se dedicaban a preguntar en la calle a varios transeúntes sobre si sabían en qué consistía el 'protocolo de Kioto', cuál fue mi sorpresa al ver que más del 40% de los encuestados desconocía por completo de qué les estaban hablando, e incluso una chica tuvo la desfachatez de decir, con palabras textuales, «que ni lo sabía ni le importaba»: ¿No les parece vergonzoso?
En el fondo, no es de extrañar que una gran parte de la gente se tome a cachondeo un asunto tan serio e importante como es la paulatina degradación del entorno medioambiental, pues ya se sabe que hay otros temas que les interesan más, «como son los cotilleos de la prensa del corazón», y así nos luce el pelo.
Para terminar, y sin querer ser pájaro de mal agüero, quisiera lanzar una advertencia a todos esos que demuestran pasotismo e indiferencia acerca de algo tan valioso como es la naturaleza y su conservación para el bienestar de personas y animales. Y es que, al paso que vamos, no tardando mucho, incluso aquí mismo, en nuestra Asturias verde y hasta ahora sin problemas de sequía, llegará el momento en que abramos el grifo y no salga ni una gota de agua, y entonces más de uno va a saber lo que cuesta un peine.