ALFREDO Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, dio a conocer ayer los positivos resultados de una encuesta realizada entre la población de creencia o tradición musulmana en España. Son datos que muestran la naturalidad y el ánimo tolerante con los que la comunidad musulmana, en sí misma diversa, afronta la convivencia con el resto de la ciudadanía. Lo que constituye un reflejo de la disposición igualmente abierta e integradora con la que la población de tradición cristiana vive el encuentro. A diferencia de lo que ocurre en otros países occidentales, la comunidad musulmana en España es mayoritariamente de origen magrebí, ajena a las tensiones de chiítas y sunnitas en Oriente Próximo o a las interpretaciones fundamentalistas que han prendido en Asia central. A semejanza del cristianismo, la religión musulmana no se vive ni practica de forma homogénea, sino que en cada región tiene sus propios condicionantes históricos y culturales. No es de extrañar, así, los resultados de la encuesta entre un colectivo que en el caso de España es abrumadoramente marroquí, apreciándose su diferente actitud con otros seguidores de Mahoma pakistaníes o de Bangla Desh instalados en ciudades catalanas.
Aunque los encuestados se manifiestan religiosos y practicantes en porcentaje que duplica al del resto de la población, su aprecio por las instituciones, de las que se benefician y valoran en algunos casos más que los demás ciudadanos, ayuda a afrontar la cuestión de la integración de los inmigrantes desde la normalidad cívica y la fortaleza de la Constitución. De ahí que resulte inconveniente la apertura de debates maniqueos sobre el multiculturalismo o el asimilacionismo. El grado de adaptación que manifiestan los 1.500 musulmanes encuestados no representa una vacuna infalible contra problemas de convivencia que pudieran surgir a medio o largo plazo. Esos ciudadanos confiesan en un 67% que en España musulmanes y cristianos no se esfuerzan lo suficiente para entenderse. De ahí que el entendimiento haya de conseguirse en espacios de la vida ordinaria como la escuela, el barrio, el centro de trabajo o el ocio.