«El Gobierno del Principado de Asturias no es una trinchera donde están los unos y los otros. Debe ayudar a todos los ayuntamientos asturianos, no sólo a los de su partido». Así defendió el diputado del PP Joaquín Aréstegui la moción de su partido para la reprobación de la consejera de Cultura, Comunicación Social y Turismo, Ana Rosa Migoya. Los votos del PSOE e IU impidieron que prosperase, pero su intervención sirvió para acrecentar la polémica creada en torno a los proyectos financiados con el 1% Cultural.
Aréstegui defendió que el Gobierno regional incumple todos los criterios para la adjudicación de obras a las comunidades autónomas, hasta el punto de hacer imposible el «saber con antelación qué proyectos se van a financiar. Es un gesto mezquino e indigno que, cuando pintan bastos, pase la pelota a los ayuntamientos. Revela la incapacidad de su gestión».
El diputado se refería a las declaraciones en las que Migoya aseguraba que al Consistorio ovetense «le importan un pito» los monumentos del Naranco, en relación al «desentendimiento municipal» en cuanto a los edificios prerrománicos.
Aréstegui no tardó en obtener una contestación. El portavoz socialista, José Luis Montes, le recordó que «la media de inversión por año del gobierno de Zapatero es ligeramente superior a la de años anteriores». Negó la opacidad en sus criterios y apuntó que estos «son reglas claras y transparentes aprobadas con la conformidad de todas las autonomías, incluidas las del PP».
Paloma Uría, portavoz de IU, le instó a revisar su «discurso. Ya que el último proyecto aprobado, el del Museo de Tito Bustillo, se realizará en Ribadesella, gobernada por el Partido Popular».