Sábado, 25 de noviembre de 2006
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GIJÓN

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«Ojalá hagan un museo bancario y no un bar de copas», afirman los empleados de la histórica oficina
Sólo once personas permanecen en la entidad del Muelle, que en sus mejores tiempos llegó a dar trabajo a cincuenta
«Ojalá hagan un museo bancario  y no un bar de copas», afirman  los empleados de la histórica oficina
PLANTILLA. De izquierda a derecha, Olga Mozas, Eugenia Vallaure, Teresa Meana, María Luisa Martínez, Ada María López Mariño, Gracia Fernández-Nespral, Pilar Moro, Tino Díaz Tejera, Belén Álvarez y Luisa Herrero / ÁLEX PIÑA
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Alguno de ellos lleva más de 30 años subiendo y bajando casi a diario las escaleras de doble tramo que enmarcan la puerta de acceso a la sede central del Urquijo en Gijón. También han vivido en primera persona el tránsito de un banco pequeño industrial, que «remuneraba a sus empleados tan bien como el Banco de España, con 23 pagas al año», a los cambios en la concepción de la actividad bancaria que trajeron consigo las sucesivas fusiones y compras del Urquijo por otras entidades.

Varios de ellos se enteraron a fondo, a través de EL COMERCIO, de los planes inmediatos para su oficina del grupo financiero matriz al que pertenecen ahora, el Sabadell-Herrero. Se trata de los empleados de la histórica oficina que el próximo mes de junio abandonará el que ha sido su edificio desde la década de los cuarenta del siglo pasado.

En todos estos años de presencia ininterrumpida en el Muelle, los más veteranos recuerdan el paso por las dependencias bancarias de muchas personas. Y no sólo de clientes. No en vano en la época de mayor esplendor del Urquijo en la ciudad llegaron a trabajar en la sede del número 2 de Marqués de San Esteban «entre 50 y 60 personas».

39 años en activo

Por contraste, los que están llamados a echar el cierre al inmueble apenas superan la decena incluido el actual director, Ciriaco Guisasola, quien también es el máximo responsable regional de la marca en Asturias. Hay otro empleado más que desarrolla su actividad de correduría de seguros en las instalaciones de los Jardines de la Reina, pero no está en plantilla.

«En 1968 había en Gijón cinco bancos, que no oficinas. Estábamos nosotros, el Banesto, el Santander, el Banco de Gijón y el Banco de Vizcaya», rememora una empleada que empezó a trabajar en el edificio puesto a la venta por el Grupo Sabadell con 16 años. De aquello han pasado ya otros 39.

Pero además del recurso a los recuerdos, los actuales empleados de la cabecera de lo que fue el Urquijo en Gijón y Asturias viven con «cierta pena» estos últimos meses en un edificio del que se conocen casi el último recoveco. Saben que el traslado de la sede va ser a una nueva oficina relativamente próxima, pero también son conscientes de que no todo el mundo va a ir a esa sucursal del Herrero. «No están todos los puestos ocupados y hay gente que aún no tiene destino definido», explica una de las empleadas que menos tiempo lleva en el banco del Muelle.

Esperanza

No obstante, los trabajadores ven la nueva etapa que se avecina «con más esperanza que incertidumbre». Lo dice uno de los más veteranos del grupo, quien reconoce que la integración en la red del Herrero «es el cambio más importante a nivel de ubicación, personal y de sistemas informáticos » al que se ha expuesto la plantilla.

Lo asegura quien ha vivido en primera persona varios episodios de la historia asturiana del Banco Urquijo, como los años de esplendor industrial en solitario de los años sesenta y setenta, la compra por el Banco Hispano y las posteriores y sucesivas adquisiciones por parte de la Banca March, el grupo belga KBL y la más reciente del Banco Sabadell.

Los empleados del Urquijo tienen ganas de conocer qué uso se le dará al edificio bancario tras el desalojo. Por si su opinión vale para algo, tienen claro lo que les gustaría que albergara el inmueble tras su marcha y lo que no. «Ojalá los promotores que lo adquieran instalen un museo bancario, porque es un equipamiento que no hay en ninguna parte. No obstante, cualquier cosa nos valdría menos un restaurante o un bar de copas», aseguraron varios entre las muestras de asentimiento de los demás.

Respecto al patrimonio que cambiará de manos en próximas semanas, los más veteranos afirman que el auténtico valor está en el edificio, porque «en el interior ni ahora ni antes hubo nunca cuadros ni objetos de especial relevancia artística».

 
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