Será la segunda reválida. La primera en las urnas la pasó con notable en el año 2003. Los once concejales logrados por su lista en Gijón, igualando el mejor resultado en escaños municipales obtenido nunca por el PP en la ciudad, cerró muchas bocas. Parecía que los populares habían encontrado, por fin, en Pilar Fernández Pardo la figura que los sacaría de treinta años de sufrida travesía en la oposición, de desgaste continuo.
Fue un espejismo. La división interna del partido, fraguada a lo largo de años, no ofrecería lugar a la esperanza. El optimismo poselectoral dio paso a una continua carrera de obstáculos que la presidenta local fue salvando, en todos los casos, con sonados éxitos, incluida su victoria en el congreso local de julio de 2003 frente al candidato avalado por Francisco Álvarez-Cascos. Su crecimiento político continuaba, a la par que las miserias en su entorno.
Pudo cometer algunos errores. Hasta sus más allegados lo reconocen, pero parece cuando menos complicado entender cómo destacados miembros de su propio partido intentaron desde el primer momento ahogar a la candidata que, en algunos casos, ellos mismos habían aupado cuando les tembló el pulso tras la dimisión de Isidro Martínez Oblanca.
La relación se sinsabores sería interminable. Desde concejales que se levantan en un pleno municipal, hasta descalificaciones de todo tipo e, incluso, requerimientos para acudir a los tribunales de justicia. Todo, desde su mismo lugar en la barricada.
Pilar Fernández Pardo lidió el 'victorino' y ahora, aunque algunos lo dudaban y, todavía siguen barajando nombres alternativos, se prepara para su segundo examen. Será el próximo mes de mayo. Sabe que se la juega. Y apuesta a ganador. Dos concejales arriba o abajo pueden determinar su futuro político. Quiere ser alcaldesa de Gijón con el PP, tarea nada sencilla.
La retaguardia, entre tanto, espera los resultados.