El Sporting lo puso todo, menos la definición. El equipo gijonés aumentó su poder de decisión ofensiva a media que pasaban los minutos, con merecimientos para haber ganado el partido con cierta comodidad, pero faltó acierto en las ocasiones más claras y que el árbitro hubiera señalado un penalti de los de libro de Gaspar.
Respecto a la alineación prevista, con Congo y Andreu en el banquillo, Preciado decidió dar descanso inicialmente a Gerardo, y alineó a Pedro. La presencia de Omar, en una posición de enlace, cambió el habitual 4-4-2 en un 4-2-3-1.
En el Alavés se confirmó el debut del francés Porato en la portería local, así como la baja de Jandro, lo que permitió la titularidad de Thiago Gentil. En el dispositivo táctico del equipo local se apreciaba un 4-2-3-1, con dos laterales de tendencias ofensivas en el inicio.
Tras unos minutos de tanteo, el control pasó a ser total del Sporting. Con un soberbio Míchel en el centro del campo, bien apoyado por Javi Fuego, la fuerte presión devolvía con cierta facilidad el balón a los rojiblancos, que empezaron a insistir en sus ataques.
Tras dos tiros envenenados de Barral, desviados por muy poco, se produjo una jugada que pudo ser clave, al desviar Gaspar el balón con el brazo izquierdo, dentro de su área, de forma intencionada. El árbitro lo pasó por alto, lo mismo que su asistente, que parecía bien situado.
El juego rojiblanco empezó a sembrar dudas en los locales, que carecían de llegada. El Sporting gozaba de un sensacional apoyo en las gradas, con una afición esperanzada, que quería poner su grano de arena en el lance. Buen empuje que dio desde las tribunas de Mendizorroza, donde se disfrutaba con las combinaciones de sus futbolistas. Lo único que faltaba era la definición.
El Alavés se resumía al trabajo de Astudillo en el centro del campo. El de Piterman era un conjunto sin delantera, por la buena actuación de la defensa gijonesa, que parecía pensar más en no verse desbordado por los entusiastas rojiblancos. La prueba es que Diego Castro tenía tres vigilantes cada vez que recibía el balón y Edu Alonso, ofensivo en su campo, apenas cruzaba la línea del medio del campo.
Al descanso se llegó sin goles, lo que no era justo, porque el marcador no fijaba la diferencia de juego entre ambos conjuntos.
Se acusó el esfuerzo
Tras la gran superioridad del primer tiempo, en el segundo se acusó el esfuerzo, con algunos altibajos en el juego y dudas que propiciaban ataques locales. El conjunto vitoriano se limitaba a dar balonazos a las bandas o al centro del ataque, en busca de alguna acción de Ogbeche, escorado a la derecha; Aloisi, más en el centro, o De Lucas, demasiado lejos del área.
Sin embargo, la primera oportunidad de la reanudación fue de Pedro, tras un centro de Diego Castro. El gijonés quiso ajustar tanto el disparo que dio en el cuerpo del debutante Porato.
Tras la gran oportunidad, el encuentro entró en una fase de alternativas, con más respeto en ambos conjuntos, pero con más tiempo de balón en el campo local. El Alavés estaba mejor puesto que en el primer tiempo, pero sin apenas llegada, con un gran partido de Samuel y un eficaz trabajo de Chus Bravo, además de contar con dos laterales muy concentrados. La entrada de Gabri por Thiago Gentil no cambió las cosas. La entrada de Congo animó algo el partido, ya que el juego ofensivo empezó a tener como destinatario al colombiano, demasiado marcado por los contundentes zagueros alavesistas.
La superioridad era gijonesa, aunque Preciado asumía un riesgo con la defensa muy adelantada. Esto provocó algunas contras de los vitorianos, pero fundamentadas más por las dudas rojiblancas y por despejes con poco convencimiento. En algunos momentos faltaba contundencia para ofrecer más seguridad.
El primer disparo a portería de los alavesistas tuvo que esperar al minuto 77, en un lanzamiento lejano de De Lucas, que detuvo con acierto Roberto. Luego llegó la última gran ocasión, en otra jugada de Diego Castro, con cabezazo de Gerardo y remate final de Barral. El gaditano no esperaba que le llegara el balón, que se le fue alto.
La entrada en juego del ex rojiblanco Arthuro no se dejó notar, lo mismo que el traslado de Ogbeche a la banda derecha. Hasta el final sólo se registró un tiro intencionado de Gabri al que respondió bien Roberto.
En el segundo tiempo, a medida que pasaba el partido, el Sporting acusaba el desgaste realizado. Incluso dos cambios tuvieron que realizarse por problemas en los gemelos de Pedro y Chus Bravo.
Así se consumó el primer empate de la temporada, que supo a poco. El Sporting dejó la satisfacción de haber puesto el fútbol y de haber hecho más méritos. Faltó la definición para que el marcador hubiera sido justo. Supo a poco, porque mereció otro pleno.