Los arquitectos gijoneses han acogido con división de opiniones y pareceres la propuesta del artista asturiano Joaquín Vaquero Turcios para la remodelación integral de El Molinón. Eso entre los que se pronuncian, porque muchos de los profesionales consultados por EL COMERCIO afirman no tener aún conformado un juicio definido sobre lo que se plantea a la vista de los bocetos e infografías difundidos. Quienes se integran en este grupo, aducen que esperarán a ver la maqueta a escala y los proyectos definitivos para emitir una opinión «más fundamentada».
Entre los que se posicionan a favor del elemento envolvente traslúcido y los prismas de colores se encuentra Antonio Fernández Morán, autor del proyecto para el hotel Abba y del estudio de detalle para el complejo de ocio de la Ería del Piles.
El profesional considera que el planteamiento del artista para el estadio está «adecuadamente resuelto» y lo argumenta. «La envoltura del edificio permite, por su orden, organizar el conjunto, ampliándolo con su propuesta exterior de proyecciones e iluminación y garantizando la multifuncionalidad». Para Fernández Morán lo más destacable es que «el proyecto se formaliza no sólo como forma, sino como contestación a un problema en aras de la legibilidad y la coherencia».
Respecto a la segunda piel virtual, opina que «enfoca y significa selectivamente por su potencial visual elementos compositivos que necesitan ser intensificados».
A quien también le han causado una buena impresión las ideas plasmadas en paneles por Vaquero Turcios es a Diego Cabezudo. «El nombre del artista es una garantía para mí», señala el arquitecto, quien no teme que El Molinón vaya a perder su apariencia de instalación deportiva. «Se mimetizará más con la Feria de Muestras, que está cerca y también alberga edificios muy variopintos», anota.
Su hermano José María Cabezudo, en cambio, se muestra más prudente en sus apreciaciones. Asegura que ve con buenos ojos que se busquen usos alternativos al campo municipal y, sobre todo, que los trabajos proyectados sirvan para rematar «la reforma caótica e inconclusa que se hizo con motivo del Mundial de 1982».
El técnico gijonés también confía en el buen hacer de Vaquero Turcios, lo que no le impide exteriorizar sus temores respecto a esta obra. Uno de ellos tiene que ver con la implantación de una envolvente de «arquitectura dura y agresiva» en un entorno natural como es el parque de Isabel la Católica. José María Cabezudo también alberga dudas sobre la conservación y el mantenimiento del remozado estadio, así como sobre la escala de la actuación. «El contenedor que se proyecta será muy plano y tiene un volumen grandísimo que equivale a ocho veces el Palacio de Deportes», señala.
En el grupo de los críticos con la propuesta está el ex decano del Colegio de Arquitectos, Ángel Mayor Villarejo. Asegura que lo que ha visto «es muy primario y no me dice nada». Además ve «con desconfianza y preocupación» el proceso que ha seguido la reforma del estadio. «En lugar de aprovechar el material del concurso que se hizo hace seis años para la obra del recrecido de la grada Norte se ha optado por una propuesta enlatada y precipitada. Y así luego podemos encontrarnos con sorpresas», lamenta Mayor Villarejo. «Vaquero Turcios plantea en este esquemilla una escultura, una decoración, pero yo no veo planteamiento arquitectónico por ninguna parte», añade. JOSÉ MARÍA CABEZUDO
ÁNGEL MAYOR VILLAREJO
ANTONIO FDEZ. MORÁN
DIEGO CABEZUDO