La acera medía un metro y medio y entre las que ahora se llaman calle de Ezcurdia, Eladio Carreño y paseo del Muro, se erigían las Casas de Veranda. Alfredo Villa cuenta que en sus bajos estaba el almacén de las sillas de la playa. De niño, iba de la mano de su padre allí, a la sede del Ateneo Republicano. Tenía el carné número 1 de la biblioteca infantil y aún recuerda que el bibliotecario «era un señor vasco que se apellidaba Lerchundi».
Donde una vez estuvo la cuarta sede del Ateneo Obrero, inaugurada en 1920, desde ayer hay un monolito colocado por el Ayuntamiento que reza 'Respeto y cultura para todos'. Una inscripción que, según la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, resume la historia de la institución que este año cumple su 125 aniversario. Fernández Felgueroso quiso destacar la importancia del Ateneo Obrero y reiteró que para cerrar el señalado aniversario «sólo queda una cosa pendiente, que reciba la Medalla de Oro de la ciudad, porque la merece y la debe tener».
Luís Pascual, presidente del Ateneo Obrero, repasó su historia y señaló que la de Ezcurdia fue su sede «más importante, activa y espaciosa». Nació del dinero del pueblo, porque se adquirió por suscripción popular. De las 95.000 pesetas que costó el edificio -con un sótano y dos plantas-, los ciudadanos aportaron casi la mitad. El resto, 50.000 euros, fue una donación personal del empresario noruego Magnus Blikstad.
«Había un grupo de teatro, clases, biblioteca, gimnasio, un club de ajedrez y otro de mujeres, sala de conferencias, exposiciones...». Así era el Ateneo Obrero de Ezcurdia antes de la guerra, cuando vivió su momento de «máximo esplendor», según recordó Pascual. Por aquel entonces, el poeta Gerardo Diego fue conferenciante. Pero el 27 de noviembre de 1937, la historia de la institución vivió un día negro.
Pasado y futuro
«Justo ese día, el Ayuntamiento, tomado por las tropas franquistas, elabora un acta en la que decide incautarse del edificio», explicó Pascual. A principios de los años 30, la institución llegó a tener 3.000 socios, en una ciudad de apenas 100.00 habitantes. El presidente rescató del Archivo Municipal documentos de la época y leyó expresiones como «los rojos» o «personas desafectas al glorioso movimiento nacional» reflejadas en el escrito de la Junta Central de Incautaciones.
Pascual quiso aprovechar la ocasión para hablar de los años venideros. El Ateneo renació en 1981 y su presidente sugirió ayer que «la Escuela Universitaria Jovellanos sería un buen espacio para asociaciones como la nuestra, que le darían un uso cultural en el futuro». La alcaldesa respondió pronta a su petición. Dijo que «el edificio va a seguir con un uso cultural, pero la propiedad es de la Universidad de Oviedo, que debe decidir sus usos».