Gijón no es una ciudad pródiga en edificios emblemáticos, pero en la zona del Muelle tiene dos de sus principales exponentes: el Palacio de Revillagigedo y el edificio del Banco Urquijo. Éste último ha cobrado en los últimos días protagonismo tras publicar EL COMERCIO que el Banco Sabadell -principal organización bancaria en Asturias, donde actúa con la marca Banca Herrero- quiere desprenderse de él dentro de un plan nacional de venta de patrimonio inmobiliario heredado del Urquijo.
Y es que la oficina situada frente a los Jardines de la Reina tiene una larga historia vinculada al desarrollo de la banca privada local y a los dominios portuarios a los que se asoma desde hace décadas como un lujoso vigía. Libre de casas a su alrededor, el inmueble catalogado puesto a la venta es una referencia visual obligada del puerto deportivo gijonés.
La sede central del Urquijo en Gijón y Asturias -fue la tercera que abrió la entidad después de las de Madrid y Barcelona- se construyó, como todo su entorno, en terrenos ganados al mar entre 1918 y 1920 con un cometido: albergar la sede de la Sociedad de Fomento de Gijón, entidad fundada en 1879 por Faustino Rodríguez Sampedro que llevó a cabo la construcción y explotación de los muelles de Fomento.
El edificio de inspiración historicista fue proyectado por el arquitecto noreñense Enrique Rodríguez Bustelo, autor también en la ciudad de la iglesia de San José. La concepción simétrica con la que fue ideado se vio alterada al albergar los soportales de Marqués de San Esteban en uno de sus laterales. La torre que da a esa calle fue añadida en un momento posterior y consta de sótano, planta baja y dos alturas.
El caso es que el inmueble nunca llegó a funcionar como sede de la incipiente junta de obras del puerto. Su primer uso fue como sede gijonesa del Banco Minero Industrial de Asturias, entidad promovida por el Banco Urquijo con la participación de ilustres empresarios de la época. De esos años de pujanza industrial datan los estrechos lazos con Duro Felguera. De hecho, la presidencia y la dirección general del grupo empresarial se mantuvieron físicamente en la primera y segunda planta del edificio hasta finales de los setenta.
Como Banco Minero Industrial le sorprendió el estallido de la Guerra Civil española. Durante los aproximadamente dos años en que Gijón fue zona republicana, las dependencias bancarias fueron utilizadas como checa. Una especie de juzgado popular con calabozos en el sótano. Se retiraron entonces todos los valores y el dinero, que fue sustituido por los billetes conocidos popularmente entonces como 'belarminos'.
Acabada la contienda, se retomó la actividad bajo la misma marca. La disolución de la entidad, que también contaba con sede en Candás, llegó en 1942. A partir de ese momento tomó las riendas del inmueble directamente el Banco Urquijo.
Los años de mayor esplendor de la sede del Muelle fueron en la década de los sesenta y setenta, cuando llegaron a trabajar en la oficina de los Jardines de la Reina más de medio centenar de personas. De aquellos años de 'vacas gordas' los empleados más veteranos que permanecen en la oficina recuerdan que estaban tan bien remunerados como el mismísimo Banco de España, con 23 pagas al año.
El declive del Urquijo en toda España a mediados de los años ochenta trajo consigo la creación del Banco Urquijo Unión, una nueva entidad surgida a partir de la fusión de los antiguos Banco Urquijo y Unión. Ese fue el tercer cambio de denominación que sufrió la sede gijonesa. El cuarto se producirá el próximo 11 de diciembre.
Los rótulos sobre la puerta de acceso y el poste que está en el parking exclusivo para clientes se sustituirá por la marca del Banco Herrero. Con ese nombre se despedirá de su actual emplazamiento a partir de junio de 2007.
En el capítulo de reformas interiores, el inmueble sufrió la más importante en 1980. A finales de los noventa se restituyó la escalera trasera de la calle de Zamora que se había eliminado del proyecto original. El edificio se postuló en su momento para acoger el casino, pero el Urquijo no quiso vender, y la Autoridad Portuaria también tuvo intención de rescatar su fallida sede para albergar oficinas administrativas.