 PRESA. Embalse de Grandas de Salime, destinado a la generación de energía. / E. C. |
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| SITUACIÓN EN ASTURIAS |
Capacidad total: los embalses asturianos tienen una capacidad de 506 hectómetros cúbicos, con lo que sólo se puede almacenar el 5% del agua que cae cada año en la región.
Para la luz: la mayoría de ese agua embalsada, 461 hectómetros cúbicos, se utiliza para la generación de energía hidroeléctrica. A ese fin se destinan las presas de Salime (con capacidad para 265 hectómetros cúbicos), Doiras (118), Somiedo (6), La Barca (34) y Arbón (38).
Para beber: de esos 506 hectómetros cúbicos, sólo 45 se destinan al abastecimiento. Se trata del agua que está en Tanes/Rioseco (que, además, tiene uso hidroeléctrico), con 37 hectómetros cúbicos, y en los Alfilorios, con 8. |
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Es bien sabido que en Asturias hay mucha agua y por eso las montañas son verdes. Pese a todo, en los últimos tiempos planea el temor a futuras restricciones, los embalses se secan y se llama al ahorro. Si se toman en cuenta ambas situaciones contradictorias, lo único que puede explicarlas es lo que hay en medio: la gestión del recurso. Dicen los técnicos que el problema del Principado es que no guarda agua, es decir, no hay capacidad de embalsar. Aunque la región concentra el 10% de los recursos hídricos de toda España, los embalses de sus abruptos valles sólo consiguen almacenar el 5% de la lluvia caída.
La pasada semana el nivel de los embalses de Tanes y Rioseco había bajado al 30%, su mínimo de los últimos 20 años por estas fechas. De ahí llega el agua que da de beber a la mayoría de los más de 800.000 asturianos que viven en la zona central de la región, y en estas condiciones en Cadasa sólo garantizan el abastecimiento hasta febrero. Hay que tener en cuenta que hubo años en los que el estiaje se prolongó hasta ese mes y, si eso ocurriese ahora, la zona más húmeda de España pasaría sed.
Del agua caída que se consigue embalsar, de ese 5%, sólo se utiliza para abastecimiento una mínima parte. Los siete principales embalses de Asturias tienen una capacidad total de 506 hectómetros cúbicos, pero sólo dos se utilizan para sacar el agua que luego llegará a los grifos: el de Tanes/Rioseco y el de los Alfilorios. Entre ambos suman una capacidad de 45 hectómetros cúbicos, es decir, sólo el 8,8% del agua total embalsada. El resto tiene como destino la generación de energía hidroeléctrica.
Y hay otro factor: son los destinados a abastecimiento los que se encuentran ahora en una situación más precaria. Mientras, según los datos de la Confederación Hidrográfica del Norte, la media de los embalses asturianos está en un nivel del 66,5%, el de Tanes/Rioseco y el de los Alfilorios, los dos únicos destinados a abastecimiento, están al 30 y el 35%
La situación es parecida en Galicia, donde la mayoría de las presas son para generación de energía hidroeléctrica, pero diferente a Cantabria y el País Vasco, donde las infraestructuras de abastecimiento son más frecuentes, según dicen fuentes de la CHN. ¿Por qué? La explicación está en la historia y en la gestión del agua que se remonta décadas atrás: en Galicia y Asturias hay muchas aguas superficiales con las que siempre se tuvo asegurado el suministro y tampoco había grandes necesidades derivadas de los usos agrícolas ni los regadíos.
Prioridades
Pero llegó la modernidad, subió el nivel de vida, los consumos se dispararon y las industrias también quieren agua. La gente se concentra en zonas donde no son suficientes los ríos y hay que llevar el líquido desde otras latitudes.
En resumen, se dice que se embalsa poca agua, pero sólo una mínima parte va a abastecimiento. Y, por si todo eso fuera poco, de esa mínima parte, un 24% se desperdicia. Ese porcentaje es el que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) se pierde en las fugas de las redes de abastecimiento.
Con esa sucesión de causas, al final, en Asturias se teme por el agua y el Plan Hidrológico hasta prevé la construcción de un embalse en Caleao. Aquí está el punto más polémico de todo el debate: la filosofía es almacenar más agua para garantizar el suministro a la zona central de Asturias. Los ecologistas y la oposición política condenan la iniciativa por el impacto ambiental que supondrá por anegar zonas de valor ecológico.